lunes, 26 de junio de 2017

Lunes, 26 de junio de 2017

Escribir una pequeña autobiografía, transparente como uno de esos charcos que tanto amas. Un charco, más allá de la rasa, que se llena/se vacía de mar. De un mar que se ha desviado de su corriente gravitatoria para consuelo de una isla pobre e ignorada. Una autobiografía de no más de 80 páginas. Con lo mejor de tu vida, secuencias y momentos epifánicos engastados como zafiros en un collar. Tu vida se olvidará, después de que se zafe de la murmuración de cuatro ratas; de las mistificaciones elogiosas; de cierta leyenda sobre lo que hacías, tremendo y reprobable para los timoratos, de noche y de día, de día y de noche. Lo que importa de tu vida está en la caricia de un rostro desconocido, que, a veces, vuelve a sentir el roce de tus dedos en exaltado deseo, y con temor de haber transgredido el orden natural de la gente. Está, tu vida, por encima de todo en tu escritura. Tu vida son nubes. Lo que otros recuerdan de ti es lluvia.

viernes, 23 de junio de 2017

Viernes, 23 de junio de 2017

Aparte de las fogaleras en mi infancia y pubertad laguneras, sí recuerdo, cuando empezamos a vivir juntos M. y yo en el barrio de Hostafrancs, de saltar como locos a la zona de Montjüic para celebrar las verbenas populares de la víspera de San Juan. Lo que queda de aquellas imágenes nocturnas lo asocio a una foto de M. a pleno sol y con una blusa de rayas celestes y blancas, unos años después, en las afueras de Eleusis. Como por estos días, el bochorno. Un fuego que te quemaba las entrañas y que se repitió cuando dormíamos en las playas de Eilat y en el Sinaí.
M. tenía en la foto una expresión tan de niña... De hecho, cuando iniciamos nuestra convivencia, y según la legislación vigente entonces, yo cohabitaba con una menor, por lo que teníamos que guardar las apariencias. 
Con las diferencias de rigor --C. ama el Norte--, M. y C. comparten la misma indiferencia por una casa propia. La primera llevaba el nomadismo de los sefardíes, y era, al revés que yo, antisionista. La segunda, barcelonesa de la que sospecho unos orígenes también judíos, reparte sus ancestros entre Roma y Estocolmo, Génova y Aragón.
Esta tarde he ido a la venta, temiendo que ya estuviera cerrada, y le he comprado una botella de Montferrant. Para mí una botella de Vichy.
Quizás subamos más tarde a la azotea, y yo volveré a mirar hacia Alejandría, donde estuve con M. Aunque lo que tiene que conocer C. es Martinica, más calor y fuego que se apaciguaba con las botellas de ron agrícola y mucho baile al son del beguine.

miércoles, 21 de junio de 2017

21 de junio de 2017

No se debe al solsticio, alegría en la lengua. Ni a los vencejos, que esta tarde he comenzado a ver más altos y más callados, sintiéndome culpable por no haberles hecho caso este año. Ni a ese puñado --en la mano el corazón-- de los amigos, nuevos y antiguos. Ni al paisaje, que llevo en la sangre, y me calma en las noches de sonámbulo. Es como el rumor del océano cuando desciende entre las lajas, no se sabe si diciendo adiós o tomando fuerza en su inútil amor por el barranco. Es, otra vez, el gran placer del clamoroso título de Robert Graves: "Adiós a todo eso". La sensación de serenidad bajo la inclemencia de la película de Mankiewicz, de la obra de Tennessee Williams , "De repente, el último verano". "La rosa tatuada" --otro hermoso título del autor del Misisipi--, mi rosa náutica y natal va por ahí conmigo grabada, como la sombra del Volcán sobre el mar cuando amanece. Es, sencillamente, sin tanta palabrería, ese saber que estás en un tris de limpiarte el polvo de los zapatos, como se le atribuye a Galdós, al entrar en una casa nueva, tal vez más cierta y sin duda más cálida, en la que están prohibidas las hormigas. 

martes, 20 de junio de 2017

En vísperas del día más extenso

Hay poetas sencillos. No digamos poetas sencillos a los que solo les interesa su trabajo, porque al cabo aparecerá el fraude. Dejémoslo en poetas sencillos.
Hay poetas tabernarios, prostibularios, belicosos, a los que les huele la sombra a todo lo peor que puede albergar un hombre, pero que escriben, como Verlaine, como los ángeles.
Hay poetas que solo se dedican a lo suyo y arrastran una melancolía desastrosa, que nos revuelven las entrañas.
Y luego está la tropa, los pandilleros, los seguidores, los que leen y expresan lo que les marca el santo patrón. Sus poemas son intercambiables, y a veces nos gusta más lo que escribió el jefe, por lo general un erudito ridículo, con peluquín, con alzas en los zapatos por aparentar mayor altura, cabezón
Todos en grupo, escribiendo lo mismo, volcados a una intensa vida social para ascender en el escalafón, para viajar de un rincón a otro del planeta; míralos ahí, la variante de los poetas mochileros, pésimos en sus cosas y tremendamente simpáticos. Lo mismo podrían seguir despachando en el bar o recogiendo hamacas en la playa.
Y hay poetas serios, con aura de santidad, sobre los que mejor es no saber nada de su vida diario, como el Rilke que nos retrata en  El vidente y lo oculto, Mauricio Wiesenthal, un libro que es más que una biografía, lleno de encuentros insólitos, de iluminaciones. 

sábado, 17 de junio de 2017

Sábado, 17 de junio de 2017


Yo quiero vivir en el participio imperativo del futuro --exclamó el Emperador--, en voz pasiva, en lo que ha de ser. Así que venid a amontonar hojas de boniato limpias de hormigas. El sol quiere asomarse pronto a mi rostro, antes de apagarse. Aunque para observar los relieves de mi rostro, con sus grietas de oro, bastaría con la mirada de la luna, que jamás parpadea. Ved ahí los océanos, los grandes ríos, la multitud azorada sin saber dónde establecerse, todo ello fruto de sus lágrimas.

En cuanto a mí, en lo que han de ser estos miembros expuestos, solo espero que sean cubiertos por la nieva del Kaztan en donde abrí por vez primera los ojos. Nieve suficiente para cubrirme y hacer que este mi cuerpo pase desapercibido para las aves carroñeras. Hasta que me disuelva. Hasta que me convierta en la nube más alta.

*

Llamo a M., preocupado por no localizar a V. (playa y Sónar...). De paso me comenta que R.S., su preceptor en los tiempos de Melilla, ha faltado. Muerte fulminante en tres meses, como en el caso de P.
Según parece había salido del armario hace poco. ¿Queda gente en los armarios?, le hago la broma.

jueves, 15 de junio de 2017

Martes, trece de junio de 2007

Dos noticias de Polinesia 
y otra en algún punto indeterminado del desierto
1/
Se está acercando el solsticio del sueño más largo. Se están acercando los vencejos, a punto de entrar por el ventanal. Vencejos del goce fugaz, del goce casi intangible. 
¿Sube también la sangre? ¿Vuelve tu rostro a tu figura, a la que doy aliento, si puedo, con una palabra de mí, que no soy nadie? 
La palabra, primero carne. Primero piedra. Primero arena. Primero furia del mar en su resaca. 
Como todo cuerpo, rememoración. 
No solo nacimos por y para lo perdido: somos lo perdido, lo que tus labios cerrados podrían evocar. Íbamos a ser la palabra que recorrería el contorno de la sombra, sombra de mí, sombra de ti, sombra refulgente sobre nuestras sombras apagadas.

2/
En el años de gracia de 1767, al oficial Hortensio Smogh se le cayeron repentinamente las medias. Oteaba hacia barlovento mientras el navío apenas arfaba, de lo calma que la mar se extendía ante su mirada. Este insólito, imprevisto acontecimiento sin mayor trascendencia, lo llevó, tres semanas después, a estrangularse con una de las medías, después de atar la otra de un banano aéreo por si sus compañeros quisieran seguirle el rastro. Pero sus compañeros de tripulación bajaron en tropel en Uma Lu en busca de las inocentes y sensuales y rollizas hembras de la isla. Un cangrejo albino terminó por descubrir la media atada al banano aéreo. Sobre el suelo en los que se esparcían los restos de Hortensio Smogh tomó posesión una colonia de aves del paraíso. Cuando caía la tarde, era digno de verse el esplendor de las hojas, en las quelos rayos del sol se escondían no soportando semejante belleza, Cuando él único superviviente de los desmanes cometidos en Uma Lu se encontró, cinco años después, con el lugar, le cegaron la virulencia y la agitación del crepúsculo. Las porciones todavía azules del cielo lo acogieron con tal pasión, que de inmediato se volatizo. Viajeros recientes han referido que, por aquella esquina de la isla, el crepúsculo sigue virando, como si quisiera, tantos años después, elevarse y disolverse en la noche fosforescente.

3/ La expedición que a duras penas avanzaba por el desierto, sostenía sobre hombros escuálidos tu nombre, guardado en una cajita de cedro. Sobre los cuatro escuchimizados porteadores batían de vez en cuando las alas de cuatro mujeres que podrían pasar por ángeles custodios.

Ocho personas en total, aparte del guía que iba por delante con cara de resignación a punto de hacerse añicos, y el arca diminuta que bandeaba sobre las dunas. De lejos, podía tomarse como una comitiva imponente con restos imperiales engalanados con ropajes de oro, lino y lapislázuli. En cuanto acercabas la mirada, no podías dejar de pensar o en una parodia o en un entierro sin medios, con las ángeleles custodias dado muestras de que se habían equivocado de sepelio.

miércoles, 14 de junio de 2017

Miércoles, 14 de junio de 2017

En memoria de Pablo, el hombre que leía el día entero en las terrazas.


Uno se siente más ligado a la tierra en la que descansan sus muertos.
Podría ser como una balanza: Por mucho tiempo esa tierra fue para mí Canarias. Sin embargo, llevo mucho sospechando que ahora es, si no Cataluña, al menos Barcelona.
Pero son figuras, que, como los cuerpos, se desvanecen: Mis santos muertos de la Isla se han disuelto, alguno de ellos, como mi padre, con las cenizas arrojadas al mar (y con un revés de viento final a la cara de los que estábamos a la proa del barco; por eso soy contrario a la cremación, que también repudia el judaísmo).
Los muertos de Barcelona y el Ampurdán son más recientes, a partir de la muerte de Mercè.
El orden de los que ya no están y el orden de los que seguimos... Así comencé, ayer tarde, un conato de poema que dedicaría, sin decirlo, a mi amiga Olga, envuelta en el dolor de la muerte de su padre.
Al final de la balanza, o cuando la balanza ya ha sido derribada por un golpe de viento de mar, todos habremos pasado de figuras a siluetas de humo, siendo o no siendo reconocidos por la curiosidad o el afecto de alguien que nos recuerda: una mueca o una acción chusca o unas lágrimas o unas carcajadas en el momento menos adecuado.
Ayer tarde, el poema que empezó a venirme a los labios. Horas más tarde, ya en la terraza del Neutral, y después de haber hablado por el móvil con Olga, me informan de que en la noche del lunes había muerto de un tumor cerebral (tres meses) Pablo, el hombre que leía el día entero en las terrazas, en una sola, en la del Neutral...

lunes, 12 de junio de 2017

Lunes, 12 de junio de 2017

Anoche fue la noche más calurosa en lo que llevamos de año. ¿Es esto una constatación privada, íntima, pública? Me fui a la cama cuando los cielos se cerraban y los vencejos, como alguna vez le ha pasado a alguno, estaban a punto de flanquear los ventanales abiertos. Al abrir los ojos esta mañana rondaban y chillaban, y casi se les podía acariciar el lomo, como si fueran salmones de vuelta al origen.
La medicación contra el insomnio vuelve a ser inocua, como, más tarde o más temprano, les ha pasado a todos los productos que me recetan.
Tampoco fui a los Encantes; ayer domingo, tampoco acudí a Sant Antoni. En ambos casos estaba despierto, listo para un café, una ducha y un taxi que me acercara. Me quedé con los nuevos fotocollages, unos once más o menos satisfactorios. Puede pasarme con los fotocollages hasta que se me sequen los ojos.
En el último café, hace un rato, los primeros anuncios de la verbena de San Juan. Las jóvenes llevan el cabello suelto y sedoso, como la tela de sus vestidos. Esta tarde había, en la terraza del Neutral, una pareja de jóvenes rusos, una vez más. Ella parecía una doncella. Él tenía tatuado el antebrazo. El vestido de ella era como el ondular de las mieses. Todas las jóvenes que he visto parecían que también tenían calor, aunque se mostraban con una palidez fascinante. Las pieles tan blancas, el atenuado rubio del pelo, y los talones al aire. ¿Cómo no alejarse con una ondina como la rusa más allá de los Urales? Nunca tendría sed. Dormiría a poco de apoyar la cabeza sobre la almohada con funda de lino. 
¿Son estos pensamientos privados? ¿Atentan contra alguna intimidad? ¿Fomentan un pequeño paisaje, donde hay cuerpos que se ondulan y gimen de placer?
Ayer, antes del insomnio y de los vencejos como salmones, quería el silencio absoluto, la inmovilidad completa. Viene de antiguo. Una tendencia al enmudecimiento, mientras el mundo puede caerse en mil pedazos sobre mí, que seguiré intacto en la mudez, en la quietud.
¿Qué serán de todos estos sentimientos, no me atrevo a llamarlos pensares? Uno mismo agranda su sombra en el vacío. Nada ni nadie reparará en ello. Buen motivo para el suicidio.
¿Se entiende lo que escribo? ¿Le faltan elementos de comprensión al lector? ¿Hay alguien ahí?

sábado, 10 de junio de 2017

Sábado, 10 de junio de 2017

Muy a menudo trataba de recomponer el espejo roto. Hay gente que no toca el espejo, que no se les cae nada. Quizás por aquella escena de la madre rompiendo la vajilla, sin que nadie pudiera haberlo previsto. Quizás porque nunca lo ha abandonado esa sensación de quemársele la cabeza el día más luminoso de su vida. La madre que a primera hora de la noche sale corriendo de casa. 
Reunir los fragmentos sería, a lo mejor, imposible, además de que harían visibles las fracturas. Con su vida sucede lo mismo: si no recuerda, al menos puede observar su unidad surcada por rayas y desconchones. La desmemoria, el síndrome de Korsakov, le permiten continuar.
Pero hay algo en el cuerpo que lo sabe: los mil golpes. Si fuera otro, le gustaría mendigar una caricia, siquiera una mirada de curiosidad, ya que no de afecto.
Hoy es 10 de junio, la gente está en la playa, las nubes han desaparecido. Queda solamente su hueco, con los límites en llamas, temblando para que el fuego no lo alcance y termine para siempre. Para  que termine para siempre este absurdo que nació con suma conciencia.

martes, 6 de junio de 2017

Martes, 6 de junio de 2017.

España es muy aficionada al púlpito y al destierro, como si dijéramos, al toro y al toreo que lo mata. La sabia patria ha sabido urdir una tercera y bien rentable afición: la del desterrado que se sube al púlpito para amonestar a infieles y desobedientes. Es como si el matador se quitara la cabeza para colocarse la del toro y salir a todo trapo a chocar contra lo primero que le salga al paso.

Esos seres tan sensibles que vuelven a sentirse huérfanos esta vez con el deceso de Juan Goytisolo. Parecen que están en esto para llorar la muerte de cada uno de sus muy contados y elegidos cómitres.
Por eso no pasarán del lápiz sobre el papel, y de la mente sobre el papel y de todas esas zarandajas del mundo como libro; y a saber que estará escrito en ese libro. 
Quien no se siente huérfano al abrir los ojos, quien, desde el origen, no siente la caricia de la intemperie, la soledad, el rastro que va dejando la memoria con sus fantasmas, sus destellos, sus espacios vacíos, ¿cómo va a dejar de ser lirófilo, o bardo turístico, o aplicado investigador universitario?

Iba la gaviota muy lenta y señorial la otra tarde, con lo que la pandilla de vencejos también atenuó sus prisas y chillidos, y parecía que volaba detrás de la gaviota muy señoriales, como sosteniéndole el borde de vestido.

martes, 30 de mayo de 2017

Martes, 30 de mayo

Sirenas que vuelven del pasado. Estaba un tarde de estas repasando un pasaje de mis diarios donde aparece una pareja de psicoanalistas con los que viajamos de Jerusalén a El Cairo, cuando la península del Sinaí estaba en manos israelíes. Eran bonarenses, bellos y jóvenes, y abiertos a relaciones paralelas. Él, además, como descubrí por casualidad, se hacía pinchar heroína por ella, una judía rubia, presta a las risas y de rasgos muy finos.
A la noche tenía un mensaje de G. Estaba casada con otro psicoanalista de Buenos Aires, un pedante de ojos despiertos y bigotito nervioso. Un sabelotodo; un portento. Solía hacer chistes de mí por ser canario: canario, banana... Una noche G. estaba en casa y entre risas comenzamos a tocarnos. Fue un acto sin mayor trascendencia, el placer por el placer. Poco tiempo después, G, abandonó a su marido y empezó a ejercer la prostitución. Venía por casa y sin ambages nos contaba cómo era esa vida en las entradas de los hoteles de lujo; los clientes de alto nivel.
Se perdió. Hizo caso omiso a nuestras llamadas a la sensatez. Desapareció de Barcelona y, a veces, teníamos noticias de sus andanzas por Madrid. Luego ya no supimos nada. ¿Dónde estaba G.?
Seguramente que terminó por regresar a Buenos Aires, que es de donde, seguramente, me ha escrito. Un mensaje en blanco. ¿De socorro? Le respondía de inmediato. Silencio.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Miércoles, 24 de mayo.

¿Uno supera algo? Cada año fotografiaba los vencejos, las golondrinas, desde que empezaban a rondar por lo alto del cielo hasta que se despedían entre hogueras. Ni una foto, este año. Ni una mención, mientras los escucho que rebotan contra el alero de mi garçonnière, que arman algarabía cuando la gente regresa a sus hogares... ¿Siento menos sus alas de plata candente? ¿Siento menos que se me acercan como las hoces? No. Uno está siempre en otra parte, y en esa otra parte deja de ser. Uno existe en la dirección. En el temblor de la cuerda; en el de los párpados cuando la vida se incendia.