domingo, 26 de marzo de 2017

Domingo, 26 de marzo

La vida era lo que prometía que ibas a alcanzar. Más tarde fue lo que ignorabas a tus espaldas.

sábado, 4 de marzo de 2017

Sábado, 4 de marzo

Aldebarán, por encima de la luna creciente, un poco a la izquierda. Martes, Urano y Venus, casi tocando el horizonte.
El jueves envié por mensajería las pruebas corregidas de La próxima vez (2008-2009). Corregidas... Desarmaría la inmensa mayoría de los párrafos; construiría las frases de otra manera; eliminaría casi todos los adjetivos, y las tantísimas vaguedades líricas.
Con motivo de la edición de esta tercera entrega de mis diarios, es posible que viaje a Las Palmas y a Tenerife. Luego vendrá lo conocido, lo que tanto me harta. Y otra vez la soledad.
¿Voy a ser en serio un solitario? Nunca me he buscado una etiqueta, los solitarios... Solo sé que apenas tengo paciencia para con los hombres.
Ahora me gustaría estar sentado en La Punta, en un extremo del camino que sigue al mar, frente a Dos Hermanos, observando los tonos lilas y malvas del cielo, todo ello atravesado por los recuerdos flotantes, las visiones cinematográficas de las vidas vividas con dolor y torpeza.
Qué ganas de terminar ya. Demasiado tiempo aquí, demasiado.

martes, 21 de febrero de 2017

Lunes, 21 de febrero

Me siento rozado por esta ciudad, qué duda cabe -tantísimos años después. Mi Barcelona. Pero nunca se me secará el escalofrío del extranjero.
(¿Pero tú piensas todavía en volver?, me preguntó semanas atrás M.). Y es como el anciano obcecado, de una sola idea fija, que solo señala un punto: volver, allá.
Como si  en Allá no sintiera la misma angustia de esta tarde, caminando en zigzag desde París a Villarroel, tropezando con todas las fruterías, patios de vecindad ocupados, tiendas vintage, añejas cafeterías regentadas por ciudadanos chinos (siempre los más sonrientes y educados), turistas, macarras autóctonos y foráneos, prostitutas de pueblo y de pueblos foráneos, jóvenes feas con vocación y como si hubieran saltado de una foto de 1940, aislados edificios modernistas, congregados edificios Núñez i Navarro, pisos, banderas esteladas, balcones ínfimos, estelas de aviones, almeces, tiendas de móviles, tiendas de textiles catalanes rebajados todo el año...
Llegué hasta Sant Antoni -meses sin visitarlo en domingo- y entonces me sosegué. Todos domesticamos porciones de ciudad. Todos nos agarramos a una identidad con tal de no enloquecer.
Me sosegué, de vuelta a mi "paraíso": las camareras marroquíes, las encargadas rusas de la inmobiliaria, las pijas de cada día.
Y sin embargo, tampoco soy eso.

viernes, 17 de febrero de 2017

Viernes, 17 de febrero

Las fotos tienen el tiempo de las flores.
Así nos sorprenden en la mano o en la pared, añaden color donde hacía falta, y un día llenan el aire de menudencia.
Con tantas menudencias hemos ido creciendo que ya -hace tiempo- sentimos que hemos vivido demasiadas celebraciones.
No hay nada que quepa guardar que no se sostenga en la memoria. Y si la memoria también se agosta, creamos, por fidelidad a nuestro esfuerzo, que todo se hizo sangre y la sangre algún noche se elevará para ser huella de una nube de paso.

viernes, 10 de febrero de 2017

Viernes, 10 de febrero

Subo por fin a la casa. He ido posponiéndolo varias veces esta semana. Tiro unas cuatro bolsas de basura. Llegan los operarios y acordamos un precio por el traslado, a la casa en Ganduxer y al trastero que está cerca de esta dirección. 
Antes de que llegaran, fui al Okay con ansiedad. En la misma puerta me encontré a Padilla, más nervioso, con un corte de pelo distinto, las manos hinchadas, con zarpullidos en los dedos. Ayer salió del psiquiátrico, me explicó. Lo que no me aclaraba era qué le había pasado con la policía, que se lo llevó esposado desde su casa. Más desarreglos psicosomáticos...
Yo había ido al Okay a por mi bocadillo y a sentarme a contemplar las colinas de enfrente con cierta calma. Como si me despidiera sin hacer ruido, sin hacerme mucho daño.
El 15, con el piso limpio, entrego las llaves. Siento otra vez lo que significa buena parte de la biblioteca en cajas de cartón. Pero hoy hubiera echado a la basura bastante más, solo que me encontraba demasiado cansado para esa tarea.

martes, 31 de enero de 2017

Martes, 1 de febrero

Iremos a parar a una de esas ensoñaciones de juventud que tejimos con pereza e inocencia.

domingo, 29 de enero de 2017

Domingo, 29 de enero

Volví a la antigua fragancia (Equipage de Hermès), limpié y puse al día las estilográficas de aquella época (Niza, Kenitra, Lanzarote...; las Dunhill y Dupont de cuerpo de plata y la de laca china)... Pero aquel que sentía como ángulo fulmíneo en la historia de mi vida me resultaba herméticamente cerrado, inabordable.
La mayor parte de nuestros días, nosotros, desterrados del yo y vetados a una identidad sosegadora, no hacemos más que desplazarnos.
De hecho, convertidos en escritura, somos imagen del desplazamiento. De un margen a otro  de la página, entre un rechazo, antes de acercarnos el borde, y una imposibilidad material aun habiendo decidido proseguir más allá del límite.

Semanas atrás, en una visita a mi hija V., M. me preguntó con verdadera sorpresa:
-¿Pero todavía piensas en volver?
La de veces que en nuestra relación, como en la que mantengo con C., fui trazando el calendario del regreso, una y otra vez, con renovados escenarios de posibilidad.
Fue -ahora lo siento- como un bofetón afectuoso: ¿Volver, cuando ya siento que he vivido, y repetido, hasta el hartazgo?

Trasteros y despedidas... Adiós farmacia de Conxita que hace meses se jubiló. Adiós jaramagos, cardos y mimosas que estarán comenzando a florecer alla arriba. Adiós colinas, collados, turons, pujols... Adiós las noches borrascosas del Okay, que hace tantísimo tiempo que no frecuento. Adiós a la ferretería de la esquina, hace tiempo cerrada, como el Osiris, barra de camellos y moteros de madrugada. Adiós a todo eso.

miércoles, 4 de enero de 2017

Jueves, 5 de enero

El mismo gasto lleva quien sigue a las tradiciones que aquel que las sortea. El mismo esfuerzo, estéril para el primero y sin más para el segundo. Estéril para el primero porque solo le reporta paz; sin más para el segundo porque no lo aparta de lo que teme: el final.

Miércoles, 4 de enero de 2017

Los mirlos comienzan a marcar con el trino su terreno.

Besa el pan que sobra antes tirarlo. El trozo que se olvida; el que aparece cuando, al amanecer, dispones en orden la mesa de la noche anterior.

Vueltas y revueltas... Si ya no hay puerto de partida, ¿a qué vuelta te refieres?
Puertos hundidos y barcos que sobrevuelan la oscuridad.

Tampoco he referido el paseo angustioso de la mañana del uno de enero, en que acabé, rehusando a la gente, de cara a una pared fea y demasiado próxima. En la terraza, la judía "solitaria" con la que no paro de tropezar por temporadas. Solitaria social. Su "tertulia" de los lunes... Por cierto que a la Peripatética me la crucé un día de estos. ¿Ella es más solitaria? Y, sin embargo, con su incesante peripatetismo no deja de buscar cruzarse con la gente, a la que observa cuando se alejan.

Los mirlos, los ruiseñores a medianoche... Sin puerto de partida, solo lo cierto es adonde me dirijo como una pausada catarata.

La noche de perdición en Long Island que empecé a anotar, hace ya unos meses. Todavía la conservo intacta en la memoria, oh milagro de mi memoria maltrecha, disminuida. Tan nítida como el dolor que me produjo a poco después de tomar aquel taxi a la puerta del Rosie O'Grady's en la Séptima Avenida.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Sábado, 31 de diciembre

Habían salido directamente del fregoteo para la ocasión y tomaron asiento en la terraza semivacía después de que el mayor del trío exclamara:
-¡Bon any!
-Buenas noches -respondí, y traté de que a partir de entonces apenas oyera algo de su conversación, que transcurría en castellano.
Uno ya tiene una experiencia en antropología urbana: del barrio no eran. De Cataluña, sin duda. Los más rezagados de los indígenas del barrio han desaparecido en la Sardaña, Alpes suizos o posesiones anglosajonas del Pacífico.
Ocurre lo mismo por otras fechas de festivos múltiples, que el barrio se vacía y en su lugar acuden de la Cataluña interior la gente más variopinta. A los cines de al lado. A ver si con suerte se topan con Javier de la Rosa, Alavedra, Luis del Olmo...
La chica de esta noche se tapó sus piernas festivas con una mantita de Veuve Clicquot, gentileza de la casa. Me acordé de cuando en los primeros días de septiembre las diosas de Birger Jarlsgatan se cubren sus muslos todavía morenos con mantitas sedosas. Pero la susodicha parecía, con su buen aspecto, a punto de entrar al tajo en una barra americana. Ellos, con sus depilaciones y aceites capilares, no daban la impresión de ser sus mantenidos. Quién sabe. 
A pesar del tono brusco, eran buena gente, respetuosa, que trataba de no resultar llamativos. La calle estaba prácticamente vacía, como la terraza, ya lo he dicho. Pero lo que importa es la intención, la actitud.
Recogí las dos bolsas de la compra y continué con mi regreso a casa, no sin antes despedirme con un "¡Bon any!".
Para que no se diga.

miércoles, 28 de diciembre de 2016

Miércoles, 28 de diciembre

Inicio la mudanza de la casa del Carmelo -la de Can Baró, como he precisado en mis últimos diarios-. Tendrá que ser lenta, como todo lo que transcurre a mi alrededor y en mi interior. Conservaré dos o tres objetos de la casa de mi infancia y acaso el escritorio en el que apenas he reposado los codos. Embalaría los libros en unas trescientas cajas de cartón y todo lo que no cupiera lo entregaría en pago a los transportistas de confianza.
Cuando he retirado algunas piezas del escritorio he sentido una incipiente desazón, como si estuviera ante un Hejal (o armario de nuestra Torá) profanado.

martes, 27 de diciembre de 2016

Martes, 27 de diciembre

Como siempre sucede con este sueño, la casa tenía estancias desconocidas. A medida que avanzaba, se abrían espacios impensables, que se llenaban de más y más amigos, bienamados, muertos, recientes, hasta desconocidos. Yo recién llegaba de la intemperie y de la indigencia. Descubría, en esta casa que por primera vez sentía mía, libros, cuadros, revistas... de los que he ido atesorando. Cuando alcancé lo que parecía la última habitación una escalera me condujo a una pequeña puerta: Ahí estaba el mar, era de noche, se balanceaba en paz y te acariciaba los pies.
Como la casa, el mar y yo mismo estábamos en otro país, pero mi país de origen era éste; ya no había pugna de amor en ese sentido. Éramos universales. Nunca antes habíamos gozado de existencia y ahora íbamos a existir en complacencia. 
Ha sido la versión más hermosa de este sueño único que se reiteran desde hace décadas, siempre habiendo perdido mi isla natal.
Cuando se cumpla creeré en el cielo. Por eso yo sigo a las nubes, y caigo y el viento vuelve a sostenerme,hasta que se canse de hacerlo.