Han vuelto los días desapacibles. Ayer tarde, en el lateral de la Sagrada Família que da a la calle Provença, corría un aire helado. Las turistas tiritaban, porque por otra parte había sol. Una japonesa, móvil en mano, se balanceaba en el borde de un banco. A la vista estaba el colmo del mal gusto, una rubia con media melena y una falta plisada amarillo neón que le llegaba a los tobillos. La ropa interior era negra. Debería de estar también congelada, a pesar de sus calcetines haciendo juego con una falda tan ligera. Los lugareños avanzaba con abrigo y bufanda. El templo de la S.F. es feo con ganas. Hacía tiempo que no lo observaba tan de cerca. La idea, a veces, parece magnífica, pero la realización es de Walt Disney, todo de cartón piedra, sin una mísero mármol de calidad. Por ello le tendrá tanto apego los orientales.
En lo que a mí se refiere, la sesión de acupuntura el día anterior ha obrado efectos positivos. A pesar del ejercicio y los masajes, tengo mejorada la cintura de los dolores lumbares.