lunes, 12 de febrero de 2018

Lunes, 12 de febrero de 2018

"A la recepción ofrecida por (...) hace diez años asistió el todo Madrid. Allí estuvieron los personajes más relevantes de la cultura, la vida intelectual, la Universidad, la política, el empresariado, el mundo del espectáculo. Una explosión, en fin, de simpatía y esperanza", dice uno.
Alguna vez recogí lo ecos de una explosión así, hace tiempo.
No sé si sentir envidia o agradecimiento.

domingo, 11 de febrero de 2018

Domingo, 11 de febrero de 2018

He perdido las anotaciones correspondientes a los años 2014-2015. Creo que tengo a mi propio enemigo dentro de esta máquina, devorando contenidos como hace el tiempo con la mente y el cuerpo, o habiéndolo hecho antes de pasar a los discos duros externos, que, por otra parte, se han extraviado. Da lo mismo. Treinte, cincuenta, ninguna página menos. Supongo que, en todo caso, habré de avisar a mis ochenta lectores: pasé por tantos años y nada ha quedado escrito. La máquina ha aprendido y se ha anticipado a lo que ocurrirá de todos modos.

sábado, 10 de febrero de 2018

Sábado, 10 de febrero de 2018

Una imagen, otra imagen y otra imagen,
como si me tiraran desde atrás cartas de naipes. Cada una lleva lleva una frase, y otra frase; otra frase. A mis interrogadores, a la luz de humo que me rodea, a quien quiera que me oiga le digo: "No sé nada; soy inocente. No sé nada; soy inocente. Nada soy, nada sé..."

sábado, 3 de febrero de 2018

Sábado, 3 de febrero de 2018

En un bar de Lisboa, Pessoa escucha por casualidad cómo lo ponen a caldo unos amigos. Más adelante, un dama pondera su buen gusto en el vestir. En una tercera escena, en el vestíbulo de un hotel, Pessoa, mira por espacios de treinta minutos directamente a los ojos de una joven de diecisiete años, a su hermana y a su madre, para el regocijo de las tres mujeres. Estas últimas experiencias lo llenan de gozo, pero corre a encerrarse en su habitación. De la decepción que le causan sus amigos en el bar,  aunque no diga nada al respecto--, así como del triunfo como galán ante la mujeres, no queda ni rastro en su escritura. Continúa con dificultades para escribir, trata de moderar el consumo de alcohol, se dice para sí que en su vida no ha realizada nada de provecho. Su soledad es esclavitud, atadura a los fenómenos neurológicos que operan en su cerebro. Llueve a mares en Lisboa, pero, sobre todo, lo que causa miedo son los truenos. Trata de de mitigado sin salir del cuarto, Mañana vendrán más cartas comerciales, más informes que introduce del inglés a portugués. Lo que importa  es que mañana brillará el sol sobre las plantaciones de té de Ceilán, cuando al mismo tiempo la inercia cubre su poesía.