viernes, 21 de abril de 2017

Viernes, 21 d abril

Las grandes batallas intelectuales de nuestra juventud desaparecieron. Las que importan -no las ideológicas: las que planteaban si era posible ser fidedigno en la expresión del balbuceo de lo que nace o, por el contrario, era necesario desvirtuar dicha expresión mediante la interpretación y la expresión literarias.
Desaparecieron, en muchos casos, sin haber sido mínimamente planteadas. En parte sé por qué lo hicieron: porque renunciamos a la escritura blanca, al viaje al rincón del fuego, a ingresar para siempre en el reino del silencio.
Y por eso, que cualquier creador principiante debería al menos tomar en consideración, nos llamaron herméticos. Qué poco fuste el de los críticos, raza de fósiles, rumiantes de fórmulas fáciles, repetidores de fichas. Tampoco quisimos plantearles cara porque nuestra misión consistía en echar a andar la escritura, con o sin interpretación, tergiversando o creando otra realidad.
Luego se hizo el silencio. Navegábamos ya lejos de las costas. Había un gran silencio humano alrededor. Solo se escuchaba el estrépito de las máquinas en nuestra mente.
Ahora que empiezan a volver las golondrinas, lo rememoro. Ellas ya estaban presentes cuando se producían aquellos combates ensañados y sin testigos, contra nosotros mismos. Y asistiendo a los amores rotos, que iban desprendiendo los tablones de nuestra embarcación.
Volvíamos a la intemperie de la infancia, la intemperie que nunca nos ha querido abandonar, cada vez más solos, pero también -desde hace tiempo- cada vez más indolentes respecto a lo que pudieran decir los otros.
¿Los otros? Cuánta sombra de nombres mezclada con la sombra de la noche, la de los días adversos y la que dejaba la batalla como si se trataran de ferralla. Sombra y ceniza y solo el viento.
Sombra y ceniza, y solo el viento a veces iluminado, nos acompañan cuando somos conscientes de lo poco que nos queda para que todo se termine, como al principio, cargado de significado y expectativas, en el mismo espacio o respiración que también nos decían: Nada hay. No habrá testigos de tu viaje. Se alisará cuanto fue levantado.

sábado, 15 de abril de 2017

Sábado, 15 de abril

Sí, ya están aquí, sus primeras rondas, todavía alejados de los tejados, los vencejos, y las flores blancas de las acacias.

sábado, 8 de abril de 2017

Sábado, 8 de abril

Una vez sintió pánico cuando echó las cuentas del tiempo en que estuvo con B., ella en Las Palmas y él en Barcelona. Un amor que se arrastró por Córdoba y Granada y se fue a morir a Gran Canaria.
Cosas como éstas ahora las tiene controladas: pertenecen a los caprichos de la memoria: espejismos, guadianas, socavones sin rastros.
En lo único que no había reparado todavía es que, esta mañana, al abrir un libro de poemas que había adquirido por internet (En tregua, ahora devuelto al título original: Para enterrar a los muertos en las palabras), le marease el año de publicación, con prólogo de Ana Becciu y al cuidado de Ana María Moix, dos amigas, la primera desaparecida (¿en el Pirinero?); la segunda llevada por un cáncer.
Una vez más, es como si la memoria tuviera la misma relevancia que una ficción creada por él, mientras la fecha de publicación, 2001, fuera una fecha incontrovertible y ajena a su voluntad del trazado de su vida, solo válida, si acaso, para los cronistas de la literatura.

lunes, 3 de abril de 2017

Jueves, 5 de abril

Cuando nadie ya lo mira...
Esta expresión podría dar a entender que, hace muchísimo tiempo, había alguien que lo miraba.
Y parece no acordarse él de las veces que se retiraba de una sala, tomaba la primera calle y se alejaba mientras los vencejos gritaban sobre su sombra.
¿Cuándo alguien lo ha mirado alguna vez? ¿Y qué sentido tiene, qué peso tiene el que lo miren?
Siempre han ido sus ojos hacia las playas vacías, hacia el océano al anochecer, hacia las nubes.
Y cuando vio en los ojos de alguien, parecía que otro, ajeno a la escena, cantaba la pena y la despedida.

Como si su memoria no tuviera relevancia. O la misma que puede otorgarle a una ficción. Mientras que la natación de una obra, que ha comprado por internet, fuera una piedra de lastre, una piedra científica, que lo ata, aunque no quiera, a la vida oficial, repleta de fechas incontrovertibles siquiera para los otros, los cronistas.

Miércoles, 4 de abril

En el espacio las estrellas no parpadean. Solo en nuestros ojos lloran.