lunes, 31 de diciembre de 2018

Lunes, 31 de diciembre de 2018


Tú eres aquella luz de la estrella que no sabe si regresa o se pierde. Aquella que salía del océano y se deslizaba por la ladera del volcán, cuando el sol todavía se sumergía en el horizonte. Tú eras aquella luz, viva en este cuenco que formo con las manos heladas. Tú, el trazo iluminado que lleva sobre su dorso la ola que traspasa el Sur. Luz que brilla entre los restos de las piedras partidas. Así haces de mí un solo ser. Así una sola figura que recuerda el golpe en la cara y también la acaricia, los ojos sin pestañeo mirando cómo caes, como juega al trapecio mientras tu golpe desangra. Brillantes, iluminadas son las luces que ocultan el desprecio y el repudio. Maquillado de luces salgo a la calle en busca de más golpes. El barranco está cerca, sus cuevas oscuras, y la luna en su desembocadura.
La sangre es mi luz. La intemperie mi espacio. La asfixia mi respirar. El temblor mis pasos.