jueves, 5 de julio de 2018

Jueves, 5 de julio de 2018

He comenzado la casa por el tejado. Compré en los Encantes un marco, ni simple ni recargado, y esta tarde he ido a por papel y lápices. Dentro de un año, quizás, tenga un Orígenes 2, ya que el original se lo ha apropiado Pinto Trujillo, el antiguo galerista, el antiguo amigo. Todo ello -el requerimiento para que me devolviera el dibujo, después de la última visita que le hice- con unas pocas líneas muy claritas a modo de respuesta: da por acaba la amistad y me exhorta a que, en adelante, en lo referente al dibujo, me ponga en contacto con su abogado.
Claro que me puse en contacto con su abogado y este no me contestó. Rocas Negras, el nicho para las almas errante, el solar de tanto nonato y tanto mangante impune, es así, una especie de Australia de poca monta en la que España dejó lo mejorcito de los suyos.
Lo que yo he hecho desde mis diecisiete por este al que la muerte está jibarizando no tiene nombre. Pero tampoco tengo ganas de perder el tiempo y empezar a referirlo. Habré cometido grandes errores, grandes torpezas, grandes agravios, y he pedido perdón. En la última visita, a la que acudí en cuanto supe que estaba enfermo de cáncer, volví a hacerlo. Pero me puse en pie y exigí que me pasara los cargos de mis tropelías contra su amante (un hombre excelente), su mujer (que como tanta mujer canarias ejerce la peor de las castraciones autoritarias contra sus propios compañeros), contra él mismo. Le dije: "Mira, el tanto de este mes regresamos a Barcelona (en la visita también me acompañaba Maria Sabelli). Tienes todo ese tiempo para que tú y tu mujer (el amante ha fallecido en el último año) me digan de qué se me acusa.
Y calló el impotente, y calló su mujer, afilando el cuchillo contra una piedra. También es propio de Rocas Negras -esas desgraciadas heces volcánicas que algún pájaro migratorio lanzó al azar sobre el Atlántico- el que se pirra por un chivo expiatorio sobre el que descargar su envidia corrosiva, su impotencia altanera, su medianía envuelta en suspiros. Por eso son pocos los que regresan, o lo hacen ya de mayores para morir, y con la creencia de que le van a respetar obra y nombre, como le ocurrió al pobre Manolo Padorno, apuñalado bien pronto por su propio hermano, el humilde poeta.
Esta vez en serio y sin aspavientos, paso de página. Allá Pinto Trujillo con su conciencia del robo de mi dibujo Orígenes, aunque si su conciencia es tan penetrante como la que utiliza cuando pretende pasar por poeta, me temo que seguirá dudando si plagiar a este, si sacarle los cuartos al otro. Qué hombre tan grande. Qué poeta para sacar algún día del barranco de los olvidados y descubrirse la chistera.
De niño, sus padres lo disfrazaban en Carnavales de Johnny Walker, "Y siguen tan campante". Así ha pasado por la vida, bajo la sombra de un padre y una mujer aplastantes. En esto me recuerda a Doreste Zamora, otro cerebro, otra aportación canaria y capital para el mundo, temblando todavía por la violencia de su padre, el erudito eminente, y buscando consuelo bajo las faldas de otra castrante,  su gran mujer de izquierdas con carnet del Club Náutico de Santa Cruz de Tenerife.
Santa Cruz de Tenerife. Se debe pronunciar despacio: Santa, Cruz, de Tener Fe. Santa Estaca. Santo Instrumento para empalar a sus hijos con el aplauso y la satisfacción sexual de las madres. Toda la historia de estas islas está repleta de casos parecidos.
Lleva este Pinto, desde hace un tiempo, la muerte en las entrañas, como el otro la lleva en lo que fue su virilidad.  Me da pena. Me dan pena. A lo mejor, cuando acabe Orígenes 2, ya no esté entre los vivos, si es que alguna vez lo estuvo.
Pero me dará pena. Me darán pena. Con todo lo que han significado para mi desde la adolescencia. Con todo lo que hemos vivido juntos. Con todo lo que hemos crecido juntos. Uno ha optado por el robo y el otro por la cobardía. Los lloraremos como hermanos que fueron de nosotros.