jueves, 18 de enero de 2018

Jueves, 18 de enero

Participaba en el homenaje a Jordi Royo. Había visto su nombre en el programa y de pronto, a las puertas del local, lo tenía en las narices, con su bastón y su rubia mirando a otro lado: "Ya no podrás escapar y dejar de saludarme", me dijo. A lo que le repliqué que, cuando nos vimos por último vez, él estaba con Margo Glantz y fui a saludarlo. Siguió diciendo que él apreciaba mi poesía, y yo tuve que replicarle que no lo dudaba, pero que su crítica a Los que cruzan el mar no era una crítica, sino una arremetida personal y miserable. Y todo porque en ellos me reía de su padrino, quien no sé cuantas veces me confesó que su poesía -y arrugaba el ceño-- no le suscitaba ningún interés.
Se leyeron (leí) poemas de Royo, extraordinarios. Hubo fotos de grupo y en una de ellas debe de figurar justo detrás de mí. Al final volvió a despedirse con afecto, que no sé si creerme: "¿Tienes mi dirección? Envíame tus últimos diarios" Le respondí que la tenía.