viernes, 26 de enero de 2018

Viernes, 26 de enero de 2018

Parecerá mentira: siempre he querido escribir en felicidad. 
¿Por qué mirar a las orillas del arroyo y no al centro, donde el agua cristalina y ordenada?
Ahora que espero la muerte y quienes me amaron (y fueron amados por mí) me hablan de todas las líneas rojas que traspasé en vida. 
De qué sirven los señalamientos, las acusaciones, que podría rebatir, o matizar, sin dificultad por mi parte.
Ahora que espero la muerte asciendo dejando atrás la suciedad de las orillas.
Que cada cual prosiga como pueda y con su conciencia, si la tiene activa. 
¿Qué más da, señales rojas?
Ahora que espero la muerte, con el mismo sentimiento que una tarde de domingo, pongo en orden mis papeles, los de la figura y los de la escritura.

jueves, 25 de enero de 2018

Jueves, 25 de enero de 2018

Parece que siempre hay alguien que vela por tu elegancia moral, comentándole a terceros --en este caso a C.-- que no debería escribir ciertas cosas sobre cierta gente maleva.
Uno debe de presentarse como si estuviera departiendo con displicencia en los jardines del hotel Raffles de Singapur. También ha sido mi sueño: descansar, a la caída de la tarde, sorbiendo un Malta frente a la chimenea, en un bellísimo, pulcro, ordenado cottage del condado de Hertfordshire, ajeno a toda la suciedad del mundo de la cultura.
Que se lo digan a Cernuda. ¿Para qué tan mal genio y una lengua tan diabólica, impropios de un poeta tan intenso como delicado?
O a los modositos, que a la mínima echan pestes de su editor por sus modales. A escondidas, eso sí, para no perder la inmaculadidad de lo que luego escriben.
Doble vida. A mí se me da muy mal. Yo he atacado cuando he sido atacado. Sí, eso dicen todos. Y he guardo intimidades que me han confiado y que nunca osaré sacar a la luz.
La elegancia debe medirse por otros parámetros. No me vale el puritanismo, la corrección de Eso no es digno de tiTú estás por encima. 
¿Yo con maledicencias y chismorreos, cuando he conocido a modositos, y a falsos defensores de la indomable naturalidad, comportándose con ruindad, con cálculo siempre en su beneficio?
Eso sí que no me interesa en absoluto.
Paso entre las risas de hiena de la sociedad literaria mirando y oyendo muy por encima de su hediondez.

martes, 23 de enero de 2018

Martes, 23 de febrero de 2018

Listo para ser fusilado. Cuando está a punto de suceder, despierto. Palpitaciones, y una actitud inusitadamente resignada. Solo me preocupan mi mujer y mi hija. Que se encarguen de mi herencia literaria, una, y otra de la plástica. ¿Cómo podré ayudarlas desde el cielo?
Me van a fusilar y no hay juicio, no hay defensa; soy un alcohólico que ningún bien he hecho en esta vida. Trato de rezar una plegaria, pero solo me quedo farfullando Shemá Israel...

jueves, 18 de enero de 2018

Jueves, 18 de enero

Participaba en el homenaje a Jordi Royo. Había visto su nombre en el programa y de pronto, a las puertas del local, lo tenía en las narices, con su bastón y su rubia mirando a otro lado: "Ya no podrás escapar y dejar de saludarme", me dijo. A lo que le repliqué que, cuando nos vimos por último vez, él estaba con Margo Glantz y fui a saludarlo. Siguió diciendo que él apreciaba mi poesía, y yo tuve que replicarle que no lo dudaba, pero que su crítica a Los que cruzan el mar no era una crítica, sino una arremetida personal y miserable. Y todo porque en ellos me reía de su padrino, quien no sé cuantas veces me confesó que su poesía -y arrugaba el ceño-- no le suscitaba ningún interés.
Se leyeron (leí) poemas de Royo, extraordinarios. Hubo fotos de grupo y en una de ellas debe de figurar justo detrás de mí. Al final volvió a despedirse con afecto, que no sé si creerme: "¿Tienes mi dirección? Envíame tus últimos diarios" Le respondí que la tenía.

miércoles, 17 de enero de 2018

Miércoles, 17 de enero de 2018

Cuando el taxista me dejó en la puerta se despidió con estas palabras: "¡Allah  Akbar! ¡Allah u Akbar!".
Me las hizo repetir --eso sin perder la sonrisa--hasta que logré una pronunciación aproximada.
Pude haberle replicado, también sin perder la sonrisa: "Shemá Israel Adonai Elohéinu Adonái Ejád".
Llevo tiempo acercándome a cierta teología islámica, con simpatía y cariño a los musulmanes.
¿Mantendrían ellos su simpatía hacia mí sin los saludara con el "Shemá Israel"?
Ya una vez mi amiga Rania me reprochó: "Vaya lo que hacen los tuyos en Israel..."
Esos míos no son tales, aunque yo me declare sionista y por tanto defienda la existencia de Eretz Yisrael.
Qué complejo el mundo semita y sus alrededores: estoy con los chiíes, con los yazeríes, los kurdos, los beréberes, los judíos hasídicos...
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lunes, 15 de enero de 2018

Lunes, 15 de enero de 2018

He pasado un mes en Tenerife, y pocas son la referencias aquí anotadas.sobre mi esta estancia. La Punta, Las Cañadas, La Laguna... Tampoco en las libretas de bolsillo. Lo que demuestra una vez más incapacidad para la crónica.
Me limito a escribir desde un tiempo sin transcurso, en una tierra que prolonga la tierra de mis ensoñaciones. Pero hablo de mí frente al misterio, mientras el misterio se desvanece si tratara de traducirlo a letras.
Ahora, en Barcelona, un frío tremendo.

sábado, 13 de enero de 2018

Sábado, 13 de enero de 2018

Se remueven los gorriones en el canalón: el sol esta enfrente, subiendo, y hay como un atisbo de marzo en el horizonte, tenue, minimalista, delante del ventanal. ¿Y ahora qué? La pregunta y la respuesta vienen hacia ti.

domingo, 7 de enero de 2018

Sábado, 6 de enero de 2018

En la palabra silencio no puede transparentarse el silencio; en ninguna otra palabra tampoco. Realidades que transcurren al margen de las palabras, de nuestros pensares. Espacio de ebullicción y seducción. Solo fuera, sentimos.

lunes, 1 de enero de 2018

Lunes, 1 de enero de 2018

Toda la tarde de ayer leyendo noticias de Manuel Verdugo, y de su hermano Domingo, aquel que se colocaba en el ojal una cinta de un color según la personalidad que lo estuviera habitando.
Aquellos dos personales vivieron en la esquina a la casa en nací, plaza del Adelantado, una casa del siglo XVI, donde Mencia Díaz Clavido dio a luz a José de Anchieta, evangelizador jesuita de Brasil. Yo la conocí, como colegio mayor femenino, Virgen de la Candelaria, que lo era desde 1962. A su lado se hallaba el palacio de los marqueses de Celada, que cedieron su lugar a los Benitez de Lugo que fueron de los pocos amigos en mi infancia. Frente al yo soy otro de Manuel, las tres identidades conocidas de su hermano y que fotografió Guerra. Espiritistas ambos, como mi abuela Juana; de su biblioteca rescaté algunos título de teosofía.
¿Qué nos ha llegado a Manuel Verdugo, nacido casualmente en Manila? En primer lugar publicaciones de la editorial que Olga Luis Rivero ha sacado adelante con su compañero, músico y poeta Roberto Cabrera. En segundo lugar, a un amigo intermitente, Julio Fajardo, hermano de otro amistad intermitente, el pintor José Luis Fajardo, con un libro de 2014 que llamó mi atención: La Laguna.
Casa de las identidades, casa desaparecida. Habitantes lanzados a la intemperie, al remolino del no lugar, aun siendo profundamente laguneros, canarios.