domingo, 29 de octubre de 2017

Domingo, 29 de octubre de 2017

Anteayer me llegó el paquete que me reenvié yo mismo desde Tenerife. Ayer lo abrí: ropa y libros. Algo tan insustancial me recuerda que estuve en septiembre en Los Azules, en La Punta... Luego vino una semana en Barcelona, el viaje a las Azores, el día en una Lisboa de abrasador calor sevillano, la presentación de La vida figurada, a cargo de Jorge Rodríguez Padrón, en la Alberti de Madrid... Ahora ya tengo los pasajes para regresar a La Punta, mediados de diciembre, mediados de enero.
¿He dejado rastro de la gente que conocí en las Azores? ¿Me he referido a la soledad entre las rocas ardientes de Los Azules, la casa de suelo de tea que frecuentamos desde hace unos quince años? ¿He hablado que entré en la choza de Manfred, junto a la playa, muerto el residente, desaparecidos los perros y repletas las diferentes estancias de desperdicios? ¿De la lata alemana de té, a la que he estado quitándole óxido desde hace semanas hasta que me he rendido? ¿Y el lago volcánico de Sete Cidades, en la isla de São Miguel? ¿Y las ráfagas de temporal que transían por la luz de las farolas, ribetes del huracán Ofelia que merodeaba entre las islas para continuar subiendo hasta Escocia?
Nada. Para qué. Todas esos sentimientos, todas esas imágenes alimentarán los poemas que habrán de llegar.