domingo, 17 de septiembre de 2017

Domingo, 17 de septiembre de 2017

"Y ahí están las nubes siempre rociadas sobre los campos", dijo la taxista. Y poco después, y a petición mía, iba señalándome cada planta, mato, flor.
Diecisiete años viniendo a Los Azules.
Mañana por la tarde, a La Punta, Tenerife.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Jueves, 7 de septiembre

Se acabarán mis días sin saber si debí escoger a la izquierda o a la derecha del cruce.
Qué sencilla hubiera sido de haber seguido en las Islas o haber nacido en esta parte de Europa.
Si neturei karta viene a significar guardianes de la ciudad, y jaredí el que tiembla ante la palabra de D-s, debiera existir la figura de quien protege el acceso al centro, a lo cumplido, y tiembla ante la Palabra, ante su flujo y su reflujo.
Quizás, como he apuntado otra veces, esa es mi figura y mi espacio, el intermedio tembloroso, donde las palabras bailan a punto de caer y ser arrastradas por las corrientes. Lo cual me inhabilita en la práctica de la ciudadanía, en la elección de esto y aquello, aquello o esto.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Miércoles, 6 de septiembre de 2017

Correspondencias...:

Me encuentro en esa clase de punto desde el que pensar que no me extraña tu ausencia de respuesta a mis correos anteriores y en el mismo en que me extraña tu silencio.
Permite que te guíe tu conciencia, aunque nuestra amistad se merece, por lo que ahora me incumbe a mí, una explicación sobre tu postura, sea cual sea esta.
Me tengo dicho: Nada pidas, nada esperes. Pero lo he contravenido a veces con los que he considerado mis amigos.
Y, entre amigos, se escuchan todas las partes, todas las verdades de cada uno.

Correo sin encabezamiento ni despedida.
Está uno tan harto..

domingo, 3 de septiembre de 2017

Domingo, 3 de septiembre de 2017

Nos basta una sensación que sigue con nosotros, en las auroras sin nadie y en el calor de nuestros descensos. Forma parta de la gran familia de los sentimientos. El juego de humor absurdo con un amigo, la onda del cabello de ella junto a la ventana, mirando hacia algún lugar con el cielo tapado. O una mañana en Madinina (Martinica) en que te levantabas a ritmo de biguine y con el ardor del ti-punch, el ron agrícola que, como el sudor antillano, se liberaba de tu cuerpo. Noche y día en los zouk escuchando a Kassave, bailando y rozándote con la paredes de caña. Noche y noche rodeado de las blancas diosas negras que te sacaban de tu cuerpo con gritos de parturientas. Eso basta; eso basta.