sábado, 10 de junio de 2017

Sábado, 10 de junio de 2017

Muy a menudo trataba de recomponer el espejo roto. Hay gente que no toca el espejo, que no se les cae nada. Quizás por aquella escena de la madre rompiendo la vajilla, sin que nadie pudiera haberlo previsto. Quizás porque nunca lo ha abandonado esa sensación de quemársele la cabeza el día más luminoso de su vida. La madre que a primera hora de la noche sale corriendo de casa. 
Reunir los fragmentos sería, a lo mejor, imposible, además de que harían visibles las fracturas. Con su vida sucede lo mismo: si no recuerda, al menos puede observar su unidad surcada por rayas y desconchones. La desmemoria, el síndrome de Korsakov, le permiten continuar.
Pero hay algo en el cuerpo que lo sabe: los mil golpes. Si fuera otro, le gustaría mendigar una caricia, siquiera una mirada de curiosidad, ya que no de afecto.
Hoy es 10 de junio, la gente está en la playa, las nubes han desaparecido. Queda solamente su hueco, con los límites en llamas, temblando para que el fuego no lo alcance y termine para siempre. Para  que termine para siempre este absurdo que nació con suma conciencia.