martes, 6 de junio de 2017

Martes, 6 de junio de 2017.

España es muy aficionada al púlpito y al destierro, como si dijéramos, al toro y al toreo que lo mata. La sabia patria ha sabido urdir una tercera y bien rentable afición: la del desterrado que se sube al púlpito para amonestar a infieles y desobedientes. Es como si el matador se quitara la cabeza para colocarse la del toro y salir a todo trapo a chocar contra lo primero que le salga al paso.

Esos seres tan sensibles que vuelven a sentirse huérfanos esta vez con el deceso de Juan Goytisolo. Parecen que están en esto para llorar la muerte de cada uno de sus muy contados y elegidos cómitres.
Por eso no pasarán del lápiz sobre el papel, y de la mente sobre el papel y de todas esas zarandajas del mundo como libro; y a saber que estará escrito en ese libro. 
Quien no se siente huérfano al abrir los ojos, quien, desde el origen, no siente la caricia de la intemperie, la soledad, el rastro que va dejando la memoria con sus fantasmas, sus destellos, sus espacios vacíos, ¿cómo va a dejar de ser lirófilo, o bardo turístico, o aplicado investigador universitario?

Iba la gaviota muy lenta y señorial la otra tarde, con lo que la pandilla de vencejos también atenuó sus prisas y chillidos, y parecía que volaba detrás de la gaviota muy señoriales, como sosteniéndole el borde de vestido.