lunes, 12 de junio de 2017

Lunes, 12 de junio de 2017

Anoche fue la noche más calurosa en lo que llevamos de año. ¿Es esto una constatación privada, íntima, pública? Me fui a la cama cuando los cielos se cerraban y los vencejos, como alguna vez le ha pasado a alguno, estaban a punto de flanquear los ventanales abiertos. Al abrir los ojos esta mañana rondaban y chillaban, y casi se les podía acariciar el lomo, como si fueran salmones de vuelta al origen.
La medicación contra el insomnio vuelve a ser inocua, como, más tarde o más temprano, les ha pasado a todos los productos que me recetan.
Tampoco fui a los Encantes; ayer domingo, tampoco acudí a Sant Antoni. En ambos casos estaba despierto, listo para un café, una ducha y un taxi que me acercara. Me quedé con los nuevos fotocollages, unos once más o menos satisfactorios. Puede pasarme con los fotocollages hasta que se me sequen los ojos.
En el último café, hace un rato, los primeros anuncios de la verbena de San Juan. Las jóvenes llevan el cabello suelto y sedoso, como la tela de sus vestidos. Esta tarde había, en la terraza del Neutral, una pareja de jóvenes rusos, una vez más. Ella parecía una doncella. Él tenía tatuado el antebrazo. El vestido de ella era como el ondular de las mieses. Todas las jóvenes que he visto parecían que también tenían calor, aunque se mostraban con una palidez fascinante. Las pieles tan blancas, el atenuado rubio del pelo, y los talones al aire. ¿Cómo no alejarse con una ondina como la rusa más allá de los Urales? Nunca tendría sed. Dormiría a poco de apoyar la cabeza sobre la almohada con funda de lino. 
¿Son estos pensamientos privados? ¿Atentan contra alguna intimidad? ¿Fomentan un pequeño paisaje, donde hay cuerpos que se ondulan y gimen de placer?
Ayer, antes del insomnio y de los vencejos como salmones, quería el silencio absoluto, la inmovilidad completa. Viene de antiguo. Una tendencia al enmudecimiento, mientras el mundo puede caerse en mil pedazos sobre mí, que seguiré intacto en la mudez, en la quietud.
¿Qué serán de todos estos sentimientos, no me atrevo a llamarlos pensares? Uno mismo agranda su sombra en el vacío. Nada ni nadie reparará en ello. Buen motivo para el suicidio.
¿Se entiende lo que escribo? ¿Le faltan elementos de comprensión al lector? ¿Hay alguien ahí?