domingo, 17 de diciembre de 2017

Sábado, 17 de diciembre de 2017

El aniversario de la muerte de mi madre se cumplió ayer al atardecer. Pudo a ver sido a las ocho, ocho y cuatro o bien a las ocho y media de la tarde. Cuanto llegué al zaguán de mi casan en la calle de Viana, casi tocado con San Agustín, y tras pasar parte de la tarde bebiendo ron con el ahora muerto jíbaro --para mi entonces lo llamaba Señor A en los diarios--, no me dio por mirar el reloj, sino los avisados que se acumulaban en la sala de la mujer yaciente entre grandes espejos, lámparas de araña y relojes antiguos restaurados por mi padre. De él recibí el primer abrazo.
Iba en taxi por Diagonal, cuando tuvo que detenerse frente a Fyords, miré el reloj y suspiré: Eran todavía las siete, lo que tomó erróneamente no por las seis en las Islas, sino por las noches.
Al menos me acuerdo de las horas en que murió, cuando recibió una vacuna preventiva contra el asma y el practicante, de toda la familia, de toda la vida, no llevaba encima el antídoto en caso de reacción adversa. Se le fue en sus brazos en el Hospital de Dolores.
Casi todo lo que he escrito literariamente sobre la memoria es de todo menos literatura. Nosotros somos diferentes --tampoco es literatura-- y en la peor de las pesadillas ha habido veces en que he dudado de que fuera mi madre la que murió. Después de todo me llamaban el engrillo recogido en el barranco que franqueaba mi casa. No existe el tal barranco, no existe la casa de Viana, la ciudad es un parque temático y yo tengo acordada finalmente mi vida a las nubes que se abalanzan mar adentro.

martes, 12 de diciembre de 2017

Martes, 12 de diciembre de 2017

A cuatro días del aniversario de la muerte de mi madre, sueño que una bandera creada por mí es elegida como bandera del Congo. Supongo que mi madre no ha tenido nada que ver con este acontecimiento. Tremenda felicidad de saber que paso a la gloria por haber creado la bandera nacional congoleña.

Serios problemas con la memoria, que se une al que ya sufro con el dolor crónico en cada pieza de mi cuerpo. He sostenido con absoluta convicción que la presentación de La vida figurada en Barcelona tendría lugar esta tarde a las ocho de la noche, cuando será, de la mano de Vicenç Villatoro, el martes 19, la víspera de un nuevo viaje de un mes de duración a  la isla de Tenerife. 

Unos cuantos proyectos por realizar, escribir, frente a la más rotunda falta de deseo.

La calle, bien. Frío y oscuridad soportables. Como siempre en diciembre pienso en un horizonte luminoso y benigno. Así es como soy un buen chico, una buena persona, un optimista preservado. Total, yo no estaré cuando se retiren todas estas escenografías cíclicas.

Ahora bien, eso de la bandera del Congo no tiene parangón.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Sábado, 9 de diciembre de 2017

Se reanima el movimiento de la gente en la calle con bolsas de compras y ya aparecen los árboles y otros abalorios navideños. en cualquier esquina
¿Qué me ocurre a mí con la amistad?
Al desarraigarme perdí (también) el orden natural de los acontecimientos sociales, el seguimiento, caída y muerte de las amistades. Cierto es que  aquí se estableció otro orden, pero ya apenas era natural,. No había el elemento de lo cotidiano,. No existía el seguimiento. Han ido apareciendo y desapareciendo, aquí, según lo impulsaban las mareas de los ciclos vitales. Algunos han sido recuperados; con otros tropiezo, después de la gran grieta de finales de siglo. Hoy por ejemplo, y por segunda vez en semanas, he dado con la pintora R., sola por la calle, doblada por la edad, la tan atractiva, dulce e independiente pintora R. ... Pero no me he atrevido a saludarla porque no recordaba su apellido.
Pero con los amigos de allá, ¿qué es lo que ha pasado? Me refiero a amigos hermanos, con lazos de amor que parecían inalterables. 
El tocado por la muerte y tan reiterado en las últimas semanas, me lo decía como un reproche la tarde de la visita, solo que alterando la secuencia, cuando me dijo que yo había traicionado (¿fue este el término?) o abandonando a los que me querían. ¿A quiénes se podía referir? ¿Quiénes me ofrecieron su apoyo, su afecto, su hermandad, salvo los hermanos Padorno o el caso más reciente del poeta I.C.C.?
Me negaron. Buscaron mi amistad para alzarse, para tratar de contar con otro secretario u hombre de paja.
Por estas latitudes de la vida sé que la amistad está sobrevalorada. Que aun los amigos de la infancia se mantienen próximos siendo nuestros caminos tan divergentes.

viernes, 1 de diciembre de 2017

Domingo, 3 de diciembre de 2017

Los horrores que nos esperan en la gran ciudad ya se dejan ver poco antes pasar por  las áreas de servicios, los almacenes logísticos, los concesionarios. Es un territorio de una luz muerta, aunque a veces se trate de una iluminación anaranjada, aún más fría. Todo ello se ve a ráfagas, pues el tren transcurre a través de un exterior oscuro. Solo nuestros aburrido semblantes reflejados en las ventanillas.
Cómo no van a asaltar los bárbaros el horror luminoso de la gran ciudad.

jueves, 30 de noviembre de 2017

Jueves, 30 de noviembre de 2017

El cielo azul más puro que quepa imaginar.

Se avecina otro viaje a Tenerife, pero no es por eso por lo que me apena "la muerte jibariza". ¿Lo voy a dejar solo, a pesar de su soberbia? ¿Podemos modificar el destino entre dos personas?

Ayer me llegó un ejemplar de la revista Turia con un análisis de Manuel Arranz, sobre La vida figurada, impecable. Si hay algún reconocimiento, eso es lo de menos. Lo que importa es la exigencia que me impone su lectura, que no solo se refieren a mis diarios sino a los diarios en general.

La muerte jibariza
en una habitación húmeda,
mustia,
como los cuadros que siempre he visto
prendidos en las paredes.
Cuesta que el tiempo viaje
hacia la faz del amigo que fue,
ahora consumido
mientras arde la humedad y la clausura
de la luz, de nuestra historia.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Domingo, 26 de noviembre de 2017

Se acelera mi despiste. Estuvieron a punto de maniatarme el otro día porque sostenía que el jueves era viernes. Los meses, como vuelan, no me procuran protestan tan encendidas. Mi importa un pimiento el dinero, la hora, el día; y dudo muchas veces del año que que vivo.
Y no es exactamente despiste, las bolsas que dejo en el bar, las llaves en la cerradora... Es que vivo en las absorbentes realidades de mis trabajos, que ignoro para qué me compro el recambio de agenda.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Miércoles, 15 de noviembre de 2017

Siempre nos referimos a lo mismo. Le damos otro color, otra forma, pero es lo mismo. No es que uno esté encallado en una escena que no ha podido superar o que no quiera abandonar su primera orilla. Me expulsaron de una casa, para que con doce años me socializara  (¡en pleno verano, a las tres de la tarde!), y siempre que me era posible regresaba al jardín y me escondía en lo alto de níspero o entraba en la biblioteca cerrada con cuatro llaves para que en los montones de libros me asfixiaran los ácaros.
Hay ahí un elemento de asfixia como castigo por una transgresión. Y cuando la transgresión me la imponía yo, asfixia quedaba reemplazada por el alcohol.
Muy pronto me quedé  sin casa: una ruina propiciada por un elemento de la familia --ahora me comunican que falleció hace una semanas-- nos condujo por lo pronto a la búsqueda de un piso infame, pequeño, con niños ruidosos que jugaban en el jardín de cemento de la planta principal. En la azotea instalé un pequeño taller de pintura, como en la segunda casa verdadera, en la que murió mi madre por una inyección contra el asma.
Ya libre y en otro lugar, conocí todas las intemperies, pero no hice gesto alguno para socializarme. Al revés. desde ahí proclamé mi distancia con respecto a mi memoria y empecé a llamarme foráneo.
Ha habido casas en las que no he podido entrar, y casa repentinas en los sueños, con estancias cada vez más felices y repentinas.
Aspiración y expiración, alcohol y resaca, soledad e inusitados deseos de mezclarme en lo anónimo y bullicioso. Aun la visión de un avión me hace feliz, a pesar los viajes.
Ahora apenas tengo literalmente memoria, aun cuando no haya incurrido en el síndrome de Kórsakov.  Ahora me importa tanto la memoria como el dinero, esporádico, que me quema las manos. Mi pasado está troceado en películas en las que me cuesta reconocerme, en las que me odio por figurar en ellas.
Sol de la tarde otoñal se filtra por las ramas de los plátanos, hojas iluminadas y hojas sombrías.

lunes, 13 de noviembre de 2017

Lunes, 13 de noviembre de 2017

Cuando despertó, el sueño todavía estaba ahí, con él soñando que despertaba frente a un sueño donde ya no era él, pues cuando abrió los ojos fue expulsado del sueño, por lo que se pasó el resto del día tocando a las puertas del sueño que había perdido, hasta que un observador compasivo quiso aplacarle su angustia y entonces entró en otro sueño, siendo otra persona, la otra persona en el sueño de un observador compasivo que no quería abrir las bocas del sueño, que eso hubiera implicado que el mundo lo ahogara, de modo que quedaron dos, soñando sin fisuras, puesto que otro observador hubiera reventado el sueño de los dos extraños.

Somos lo que queda del recuerdo de los otros. Una distracción, un destello apenas adivinado en algún lugar, en algún punto del tiempo en el ya no volveremos a estar.

viernes, 10 de noviembre de 2017

Viernes, 10 de noviembre de 2017

Sopa de miso en el almuerzo al que me invitó ayer, en su casa del Ensanche, J.P., y carne argentina, todo el piso tan limpio y ordenado, con muchos libros en común y abundante obra gráfica...
J.P. era el "amigo nacionalista" al cual me referido, no sin cierto desprecio, en mis diarios. Como sucedió con Luis Alemany y lo hice público, y pedí por ello perdón en la entrevista que me hizo hace poco Juan C.
Pero es que los diario no son unas memorias. Cuántas veces lo habré repetido. Y así tal día he arremetido con quien tal día me hizo ofensa, y así lo dejé, el día en que me sentí ofendido, sin sentar cátedra --memoria-- de que tal personaje es un mamarracho, por mucho que los hay que siguen siendo mamarrachos y mafiosos de la peor calaña.
Cuando mi último hundimiento, a finalizar el siglo, se abríeron las aguas de un mar Rojo, y conocidos, amigos y saludados quedaron atrás, en la otra vida, la que yo mismo tiré por la borda desde la desesperación y la depresión. Solo a unos cuantos, pasado el tiempo, he intentado recuperar Pero también lo he hecho con otros que se han revelado postizos, o con quienes han  optado por inmolarse para siempre frente mi intención.
Pienso en septiembre último, cuando me enteré por casualidad de la grave enfermedad de P.T. Dejamos La Punta para pasar la noche en un hotel de La Laguna e ir a visitarlo lo antes posible. Como de costumbre, no pasé del umbral de la casa, tantísimos años después; sinceramente, con tantos gestos por mi parte de afecto y comprensión más allá de todo lo comprensible.
Su figura parecía jibarizada, lo que no le impedía la frialdad y la soberbia de las que siempre ha hecho gala, quién sabe si por un desaire amoroso cuando yo tenía diecinueve y veinte años. Y siempre le perdoné el desabrimiento, en aras de una amistad como no he conocido otra, mediante visitas, dedicatorias en libros, exposiciones sin cobrar un duro, o el dibujo enmarcado, Orígenes, del que se apropió sin mayores explicaciones.
En un momento determinado me levanté de aquella bien avenida ceremonia de té con pastas, y le exigí que me explicara qué le había hecho, a él y a su santa esposa, no así a tercer elemento del trío, persona dulce y cariñosa que por eso era el único que se salvaba de estas momias de aire aristocrático y que ha fallecido hace unos meses.  Volví a perdí perdón, pues forma parte de mis rumiaciones: yo vine al mundo dando las gracias y pidiendo perdón. Dejé sobre la mesa del té con pastas mi petición para recibir la absolución, medio siglo después de no sé qué afrenta. 
El cansancio causado por la enfermedad le impidió proseguir, no sin antes de desvariar sobre la gente a la que yo había traicionado, todo ello con información confusa, adredamente confusa y mal intencionada, o importándole un bledo la veracidad de lo que peroraba. No sin antes preguntándome si conocía a determinado gestor cultural que a él, al contrario que a mí, le había hecho caso omiso. Aunque ya fuera un amortajado con signos alarmantes de jibarización, aumentó para mis adentros mi rabia: con la cantidad de dinero que él y otros de sus colegas --seguramente de los traicionados por mí...-- le han sacado a las arcas públicas desde que empezaron en el mundo del mandarinato cultural.., cuando a mí, y tras mucho atrevimiento a pecho descubierto, apenas me han dado unas sobras. 
Regresamos a La Punta. Pasó el tiempo hasta nuestra marcha y no recibí ninguna respuesta de absolución, ni de él, ni de su santísima esposa.
Pues bien, ayer pisé la casa de J.P., en la que nunca había entrado Y lamento mis opiniones agrias sobre su posición política y personal. Nos abrazamos en la despedida. No hizo falta una caricia.

martes, 7 de noviembre de 2017

Martes, 7 de noviembre de 2017

*  "¿Y ahora qué?", le pregunta el sol al cielo, cuando amanece desafiante. (¿O era al revés?)

* Los desafíos no llegan a ninguna parte, salvo al gallinero.

* Dichoso el pequeño insecto sin nombre... Nada más despertar, todo su mundo es la inmensa superficie de una hoja, de una espina, de un sarmiento.

* Por si fuera poco, el insecto es el más horroroso de nuestros hermanos. Y el más inútil y el mal tenaz. Trasmite las plagas y nadie, ni el día del Juicio Final, ni el del Día de Mañana, le pedirá cuentas.

*El Día del Juicio final siempre he imaginado que amanecerá soleado y tibio. En cuanto a su extrema duración, me hace volverme a la cama. Deben de existir prórrogas para asistir al Día del Juicio Final. Hasta con un poco de suelte podremos comprar nuestra incompetencia, aunque de ello se derive que flanearemos por a tierra solo en absoluto, sin poder cometer crímenes.

* Hay gente que aprovecha las rebajas para asistir, con es debido, al Día del Juicio Final.

* Dudas: El Día del Juicio Final, ¿está uno sentado, de pie, disuelto en océanos, cielos, ciénagas...? ¿He llamado de uno en uno atendiendo al nombre o al apellido?

Más: ¿Quién prepara el catering del Día del Juicio Final? ¿Adónde se retiran los jueces para deliberar?

* La inocencia es el estado natural del Hombre que todavía conserva la túnica del ángel.


sábado, 4 de noviembre de 2017

Sábado, 4 de noviembre de 2017

Cuando llueve y no hay más mundo, las palabras que lo dicen pierden más color. Pero la negrura de afuera sigue siendo la misma, sin latido, sin avance, muda como las palabras que ya no dicen más.

domingo, 29 de octubre de 2017

Domingo, 29 de octubre de 2017

Anteayer me llegó el paquete que me reenvié yo mismo desde Tenerife. Ayer lo abrí: ropa y libros. Algo tan insustancial me recuerda que estuve en septiembre en Los Azules, en La Punta... Luego vino una semana en Barcelona, el viaje a las Azores, el día en una Lisboa de abrasador calor sevillano, la presentación de La vida figurada, a cargo de Jorge Rodríguez Padrón, en la Alberti de Madrid... Ahora ya tengo los pasajes para regresar a La Punta, mediados de diciembre, mediados de enero.
¿He dejado rastro de la gente que conocí en las Azores? ¿Me he referido a la soledad entre las rocas ardientes de Los Azules, la casa de suelo de tea que frecuentamos desde hace unos quince años? ¿He hablado que entré en la choza de Manfred, junto a la playa, muerto el residente, desaparecidos los perros y repletas las diferentes estancias de desperdicios? ¿De la lata alemana de té, a la que he estado quitándole óxido desde hace semanas hasta que me he rendido? ¿Y el lago volcánico de Sete Cidades, en la isla de São Miguel? ¿Y las ráfagas de temporal que transían por la luz de las farolas, ribetes del huracán Ofelia que merodeaba entre las islas para continuar subiendo hasta Escocia?
Nada. Para qué. Todas esos sentimientos, todas esas imágenes alimentarán los poemas que habrán de llegar.

viernes, 27 de octubre de 2017

27 de octubre de 2017

A las 13:27  el Parlamento de Cataluña  ha proclamado la República catalana.
Son las 16:48 y es incesante el ruido de los helicópteros.
Han sonado cohetes. He visto imágenes de la plaza de San Jaime abarrotada de gente que exhibía su júbilo.
Con ningún sentimiento de españolidad, mi condición de forastero se mantiene intacta.

martes, 24 de octubre de 2017

Martes, 24 de octubre de 2017

Unos andan por las nubes y otros lo hacen por la tierra. No hay más. Así volé como sombra sobre las dunas o presté del cielo una porción de claridad sobre el océano. Así el viento me transformó en el celaje más anodino, allá lejos, o me hizo cúmulo que parecía abordar el puerto de arribo. Así me desplomó y me hizo hermano de las paredes de los barrancos. Así me subió el viento para deshacerme.

jueves, 12 de octubre de 2017

Ponta Delgada, São Miguel. Martes, 12 de octubre

Llega uno a las Azores y lo primero que encuentra son grillos y la proa de un crucero inglés en la que se lee: Arcadia.
Las ruinas y las huertas salvajes que tengo a mi izquierda son maravillosas, todo con ese tono basáltico que hemos encontrado en Catania y en nuestras Islas.
Cuatro horas de vuelo desde Barcelona a Punta Delgada. Pude echarme en los asientos y dormitar, tomar el sol a través del vidrio, reincoporarme y escribir sobre vivencias de las últimas semanas en Punta del Hidalgo. Qué lejos ya Los Asules...
Debería escribir también sobre lo que he vivido Barcelona. Pero está claro que no escribo siguiendo un guión. Es una pesadez, sí. Pero ya era una pesadez en los años noventa, y todos esos eximios que ahora amenazan a Cataluña andaban en lo suyo, en el ombligo de Babia. Siempre ha perdido, por ineptos, incapaces, aun recibiendo todo el oro de América.

lunes, 9 de octubre de 2017

Lunes, 9 de octubre de 2017

Tomado del Talmud:

"¿Qué es la vida de un hombre? Una sombra. Pero ¿qué sombra? ¿Esta, inmutable, de un edificio? ¿O esa otra de un árbol que sobrevive a las estaciones?
"No, la vida de un hombre es comparable a la sombra de un pájaro en pleno vuelo: en cuanto la vemos, se desvanece."

domingo, 8 de octubre de 2017

Domingo, 8 de octubre de 2017

No sé qué había imaginado menos: si la independencia de Cataluña en referéndum o las manifestaciones fascistoides en contra de esa independencia.
En los años ochenta  --era entonces profesor de lengua y literatura castellanas en un colegio catalanista-- había zonas de Barcelona, en torno al paseo de La Bonanova, en la que abundaban los bares y los discursos franquistas, y las pintadas que advertían: "Zona Nacional". 
La rancia España vuelve a mi alrededor estos días. "¡Viva mi Guardia Civil!" "¡Viva España!" Jóvenes enfundados en la rojigualda.
¿Los fascistas andaban escondidos? ¿Salen a la calle esta semana?

lunes, 2 de octubre de 2017

Lunes, 2 de octubre de 2017

Lo escrito días atrás en Los Asules y en La Punta permanece como un archivo "secreto". Pero no hay mayor misterio. Debido a las condiciones de conexión a la red, lo he escrito como debiera ser siempre: sobre el papel. 
Aun así, ni en la red ni en el papel hay testigos identificables. Un diario no secreto, sino uno que se va aposentando a la espera, entre otros factores, a que los días le den sentido.

domingo, 17 de septiembre de 2017

Domingo, 17 de septiembre de 2017

"Y ahí están las nubes siempre rociadas sobre los campos", dijo la taxista. Y poco después, y a petición mía, iba señalándome cada planta, mato, flor.
Diecisiete años viniendo a Los Azules.
Mañana por la tarde, a La Punta, Tenerife.

jueves, 7 de septiembre de 2017

Jueves, 7 de septiembre

Se acabarán mis días sin saber si debí escoger a la izquierda o a la derecha del cruce.
Qué sencilla hubiera sido de haber seguido en las Islas o haber nacido en esta parte de Europa.
Si neturei karta viene a significar guardianes de la ciudad, y jaredí el que tiembla ante la palabra de D-s, debiera existir la figura de quien protege el acceso al centro, a lo cumplido, y tiembla ante la Palabra, ante su flujo y su reflujo.
Quizás, como he apuntado otra veces, esa es mi figura y mi espacio, el intermedio tembloroso, donde las palabras bailan a punto de caer y ser arrastradas por las corrientes. Lo cual me inhabilita en la práctica de la ciudadanía, en la elección de esto y aquello, aquello o esto.

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Miércoles, 6 de septiembre de 2017

Correspondencias...:

Me encuentro en esa clase de punto desde el que pensar que no me extraña tu ausencia de respuesta a mis correos anteriores y en el mismo en que me extraña tu silencio.
Permite que te guíe tu conciencia, aunque nuestra amistad se merece, por lo que ahora me incumbe a mí, una explicación sobre tu postura, sea cual sea esta.
Me tengo dicho: Nada pidas, nada esperes. Pero lo he contravenido a veces con los que he considerado mis amigos.
Y, entre amigos, se escuchan todas las partes, todas las verdades de cada uno.

Correo sin encabezamiento ni despedida.
Está uno tan harto..

domingo, 3 de septiembre de 2017

Domingo, 3 de septiembre de 2017

Nos basta una sensación que sigue con nosotros, en las auroras sin nadie y en el calor de nuestros descensos. Forma parta de la gran familia de los sentimientos. El juego de humor absurdo con un amigo, la onda del cabello de ella junto a la ventana, mirando hacia algún lugar con el cielo tapado. O una mañana en Madinina (Martinica) en que te levantabas a ritmo de biguine y con el ardor del ti-punch, el ron agrícola que, como el sudor antillano, se liberaba de tu cuerpo. Noche y día en los zouk escuchando a Kassave, bailando y rozándote con la paredes de caña. Noche y noche rodeado de las blancas diosas negras que te sacaban de tu cuerpo con gritos de parturientas. Eso basta; eso basta.

lunes, 28 de agosto de 2017

Lunes, 28 de agosto de 2017

En cualquier momento siento las ganas de escribir "atentados en Barcelona y Cambrils"...
Pero enseguida viene la desgana, el desprecio (sin fuerzas) por el ser humano.
Tampoco es que tenga gran cosa de ver: huidos los vencejos, huidas las nubes, solo ahora se percibe que alguna gente ha vuelto de vacaciones.
Pero todo eso cansa.
¿Que viajaré a Canarias? Bien. ¿A las Azores? Bien. Todo muy bien, dice el cadáver.

jueves, 3 de agosto de 2017

Miércoles, 3 de agosto de 2017.

Tres de agosto, como si tal cosa. Un calor agobiante, estancado en este sobreático. Sin ganas ni para la rutina, casi. Trabajo, eso sí, en nuevos fotocollages, 11 dados por válidos.
Nada echo de menos; nada deseo.

miércoles, 26 de julio de 2017

Miércoles, 26 de julio de 2017

El único quebranto en la vida del hombre se produce cuando al tiempo de la esperanza le sucede el tiempo sobrante. Recuerdos, visiones y tratar de adivinar cómo se cierran los ojos. Cuando llega el cielo es imposible saberlo. Cuando llega la muerte, enloquecida, con prisas, insaciable, se cuenta que observas la muy lenta huida de todos los elementos que hasta entonces te rodeaban.

jueves, 20 de julio de 2017

Jueves, 20 de julio de 2017

Antes de anochecer se encienden las nubes. ¿Una herida a lo lejos? Las nubes cumplen con su cometido: avisan, se apagan y siguen de largo. La piadosa noche las consuela y las arrulla en lo oscuro. Para que no sigan contemplando el horror en la tierra. En el borde de lo oscuro, parpadea el espacio luminoso al que nunca accederemos. Como si se tratara de la Obra Prometida.

lunes, 26 de junio de 2017

Lunes, 26 de junio de 2017

Escribir una pequeña autobiografía, transparente como uno de esos charcos que tanto amas. Un charco, más allá de la rasa, que se llena/se vacía de mar. De un mar que se ha desviado de su corriente gravitatoria para consuelo de una isla pobre e ignorada. Una autobiografía de no más de 80 páginas. Con lo mejor de tu vida, secuencias y momentos epifánicos engastados como zafiros en un collar. Tu vida se olvidará, después de que se zafe de la murmuración de cuatro ratas; de las mistificaciones elogiosas; de cierta leyenda sobre lo que hacías, tremendo y reprobable para los timoratos, de noche y de día, de día y de noche. Lo que importa de tu vida está en la caricia de un rostro desconocido, que, a veces, vuelve a sentir el roce de tus dedos en exaltado deseo, y con temor de haber transgredido el orden natural de la gente. Está, tu vida, por encima de todo en tu escritura. Tu vida son nubes. Lo que otros recuerdan de ti es lluvia.

viernes, 23 de junio de 2017

Viernes, 23 de junio de 2017

Aparte de las fogaleras en mi infancia y pubertad laguneras, sí recuerdo, cuando empezamos a vivir juntos M. y yo en el barrio de Hostafrancs, de saltar como locos a la zona de Montjüic para celebrar las verbenas populares de la víspera de San Juan. Lo que queda de aquellas imágenes nocturnas lo asocio a una foto de M. a pleno sol y con una blusa de rayas celestes y blancas, unos años después, en las afueras de Eleusis. Como por estos días, el bochorno. Un fuego que te quemaba las entrañas y que se repitió cuando dormíamos en las playas de Eilat y en el Sinaí.
M. tenía en la foto una expresión tan de niña... De hecho, cuando iniciamos nuestra convivencia, y según la legislación vigente entonces, yo cohabitaba con una menor, por lo que teníamos que guardar las apariencias. 
Con las diferencias de rigor --C. ama el Norte--, M. y C. comparten la misma indiferencia por una casa propia. La primera llevaba el nomadismo de los sefardíes, y era, al revés que yo, antisionista. La segunda, barcelonesa de la que sospecho unos orígenes también judíos, reparte sus ancestros entre Roma y Estocolmo, Génova y Aragón.
Esta tarde he ido a la venta, temiendo que ya estuviera cerrada, y le he comprado una botella de Montferrant. Para mí una botella de Vichy.
Quizás subamos más tarde a la azotea, y yo volveré a mirar hacia Alejandría, donde estuve con M. Aunque lo que tiene que conocer C. es Martinica, más calor y fuego que se apaciguaba con las botellas de ron agrícola y mucho baile al son del beguine.

miércoles, 21 de junio de 2017

21 de junio de 2017

No se debe al solsticio, alegría en la lengua. Ni a los vencejos, que esta tarde he comenzado a ver más altos y más callados, sintiéndome culpable por no haberles hecho caso este año. Ni a ese puñado --en la mano el corazón-- de los amigos, nuevos y antiguos. Ni al paisaje, que llevo en la sangre, y me calma en las noches de sonámbulo. Es como el rumor del océano cuando desciende entre las lajas, no se sabe si diciendo adiós o tomando fuerza en su inútil amor por el barranco. Es, otra vez, el gran placer del clamoroso título de Robert Graves: "Adiós a todo eso". La sensación de serenidad bajo la inclemencia de la película de Mankiewicz, de la obra de Tennessee Williams , "De repente, el último verano". "La rosa tatuada" --otro hermoso título del autor del Misisipi--, mi rosa náutica y natal va por ahí conmigo grabada, como la sombra del Volcán sobre el mar cuando amanece. Es, sencillamente, sin tanta palabrería, ese saber que estás en un tris de limpiarte el polvo de los zapatos, como se le atribuye a Galdós, al entrar en una casa nueva, tal vez más cierta y sin duda más cálida, en la que están prohibidas las hormigas. 

martes, 20 de junio de 2017

En vísperas del día más extenso

Hay poetas sencillos. No digamos poetas sencillos a los que solo les interesa su trabajo, porque al cabo aparecerá el fraude. Dejémoslo en poetas sencillos.
Hay poetas tabernarios, prostibularios, belicosos, a los que les huele la sombra a todo lo peor que puede albergar un hombre, pero que escriben, como Verlaine, como los ángeles.
Hay poetas que solo se dedican a lo suyo y arrastran una melancolía desastrosa, que nos revuelven las entrañas.
Y luego está la tropa, los pandilleros, los seguidores, los que leen y expresan lo que les marca el santo patrón. Sus poemas son intercambiables, y a veces nos gusta más lo que escribió el jefe, por lo general un erudito ridículo, con peluquín, con alzas en los zapatos por aparentar mayor altura, cabezón
Todos en grupo, escribiendo lo mismo, volcados a una intensa vida social para ascender en el escalafón, para viajar de un rincón a otro del planeta; míralos ahí, la variante de los poetas mochileros, pésimos en sus cosas y tremendamente simpáticos. Lo mismo podrían seguir despachando en el bar o recogiendo hamacas en la playa.
Y hay poetas serios, con aura de santidad, sobre los que mejor es no saber nada de su vida diario, como el Rilke que nos retrata en  El vidente y lo oculto, Mauricio Wiesenthal, un libro que es más que una biografía, lleno de encuentros insólitos, de iluminaciones. 

sábado, 17 de junio de 2017

Sábado, 17 de junio de 2017


Yo quiero vivir en el participio imperativo del futuro --exclamó el Emperador--, en voz pasiva, en lo que ha de ser. Así que venid a amontonar hojas de boniato limpias de hormigas. El sol quiere asomarse pronto a mi rostro, antes de apagarse. Aunque para observar los relieves de mi rostro, con sus grietas de oro, bastaría con la mirada de la luna, que jamás parpadea. Ved ahí los océanos, los grandes ríos, la multitud azorada sin saber dónde establecerse, todo ello fruto de sus lágrimas.

En cuanto a mí, en lo que han de ser estos miembros expuestos, solo espero que sean cubiertos por la nieva del Kaztan en donde abrí por vez primera los ojos. Nieve suficiente para cubrirme y hacer que este mi cuerpo pase desapercibido para las aves carroñeras. Hasta que me disuelva. Hasta que me convierta en la nube más alta.

*

Llamo a M., preocupado por no localizar a V. (playa y Sónar...). De paso me comenta que R.S., su preceptor en los tiempos de Melilla, ha faltado. Muerte fulminante en tres meses, como en el caso de P.
Según parece había salido del armario hace poco. ¿Queda gente en los armarios?, le hago la broma.

jueves, 15 de junio de 2017

Martes, 13 de junio de 2007

Dos noticias de Polinesia 
y otra en algún punto indeterminado del desierto
1/
Se está acercando el solsticio del sueño más largo. Se están acercando los vencejos, a punto de entrar por el ventanal. Vencejos del goce fugaz, del goce casi intangible. 
¿Sube también la sangre? ¿Vuelve tu rostro a tu figura, a la que doy aliento, si puedo, con una palabra de mí, que no soy nadie? 
La palabra, primero carne. Primero piedra. Primero arena. Primero furia del mar en su resaca. 
Como todo cuerpo, rememoración. 
No solo nacimos por y para lo perdido: somos lo perdido, lo que tus labios cerrados podrían evocar. Íbamos a ser la palabra que recorrería el contorno de la sombra, sombra de mí, sombra de ti, sombra refulgente sobre nuestras sombras apagadas.

2/
En el años de gracia de 1767, al oficial Hortensio Smogh se le cayeron repentinamente las medias. Oteaba hacia barlovento mientras el navío apenas arfaba, de lo calma que la mar se extendía ante su mirada. Este insólito, imprevisto acontecimiento sin mayor trascendencia, lo llevó, tres semanas después, a estrangularse con una de las medías, después de atar la otra de un banano aéreo por si sus compañeros quisieran seguirle el rastro. Pero sus compañeros de tripulación bajaron en tropel en Uma Lu en busca de las inocentes y sensuales y rollizas hembras de la isla. Un cangrejo albino terminó por descubrir la media atada al banano aéreo. Sobre el suelo en los que se esparcían los restos de Hortensio Smogh tomó posesión una colonia de aves del paraíso. Cuando caía la tarde, era digno de verse el esplendor de las hojas, en las quelos rayos del sol se escondían no soportando semejante belleza, Cuando él único superviviente de los desmanes cometidos en Uma Lu se encontró, cinco años después, con el lugar, le cegaron la virulencia y la agitación del crepúsculo. Las porciones todavía azules del cielo lo acogieron con tal pasión, que de inmediato se volatizo. Viajeros recientes han referido que, por aquella esquina de la isla, el crepúsculo sigue virando, como si quisiera, tantos años después, elevarse y disolverse en la noche fosforescente.

3/ La expedición que a duras penas avanzaba por el desierto, sostenía sobre hombros escuálidos tu nombre, guardado en una cajita de cedro. Sobre los cuatro escuchimizados porteadores batían de vez en cuando las alas de cuatro mujeres que podrían pasar por ángeles custodios.

Ocho personas en total, aparte del guía que iba por delante con cara de resignación a punto de hacerse añicos, y el arca diminuta que bandeaba sobre las dunas. De lejos, podía tomarse como una comitiva imponente con restos imperiales engalanados con ropajes de oro, lino y lapislázuli. En cuanto acercabas la mirada, no podías dejar de pensar o en una parodia o en un entierro sin medios, con las ángeleles custodias dado muestras de que se habían equivocado de sepelio.

miércoles, 14 de junio de 2017

Miércoles, 14 de junio de 2017

En memoria de Pablo, el hombre que leía el día entero en las terrazas.


Uno se siente más ligado a la tierra en la que descansan sus muertos.
Podría ser como una balanza: Por mucho tiempo esa tierra fue para mí Canarias. Sin embargo, llevo mucho sospechando que ahora es, si no Cataluña, al menos Barcelona.
Pero son figuras, que, como los cuerpos, se desvanecen: Mis santos muertos de la Isla se han disuelto, alguno de ellos, como mi padre, con las cenizas arrojadas al mar (y con un revés de viento final a la cara de los que estábamos a la proa del barco; por eso soy contrario a la cremación, que también repudia el judaísmo).
Los muertos de Barcelona y el Ampurdán son más recientes, a partir de la muerte de Mercè.
El orden de los que ya no están y el orden de los que seguimos... Así comencé, ayer tarde, un conato de poema que dedicaría, sin decirlo, a mi amiga Olga, envuelta en el dolor de la muerte de su padre.
Al final de la balanza, o cuando la balanza ya ha sido derribada por un golpe de viento de mar, todos habremos pasado de figuras a siluetas de humo, siendo o no siendo reconocidos por la curiosidad o el afecto de alguien que nos recuerda: una mueca o una acción chusca o unas lágrimas o unas carcajadas en el momento menos adecuado.
Ayer tarde, el poema que empezó a venirme a los labios. Horas más tarde, ya en la terraza del Neutral, y después de haber hablado por el móvil con Olga, me informan de que en la noche del lunes había muerto de un tumor cerebral (tres meses) Pablo, el hombre que leía el día entero en las terrazas, en una sola, en la del Neutral...

lunes, 12 de junio de 2017

Lunes, 12 de junio de 2017

Anoche fue la noche más calurosa en lo que llevamos de año. ¿Es esto una constatación privada, íntima, pública? Me fui a la cama cuando los cielos se cerraban y los vencejos, como alguna vez le ha pasado a alguno, estaban a punto de flanquear los ventanales abiertos. Al abrir los ojos esta mañana rondaban y chillaban, y casi se les podía acariciar el lomo, como si fueran salmones de vuelta al origen.
La medicación contra el insomnio vuelve a ser inocua, como, más tarde o más temprano, les ha pasado a todos los productos que me recetan.
Tampoco fui a los Encantes; ayer domingo, tampoco acudí a Sant Antoni. En ambos casos estaba despierto, listo para un café, una ducha y un taxi que me acercara. Me quedé con los nuevos fotocollages, unos once más o menos satisfactorios. Puede pasarme con los fotocollages hasta que se me sequen los ojos.
En el último café, hace un rato, los primeros anuncios de la verbena de San Juan. Las jóvenes llevan el cabello suelto y sedoso, como la tela de sus vestidos. Esta tarde había, en la terraza del Neutral, una pareja de jóvenes rusos, una vez más. Ella parecía una doncella. Él tenía tatuado el antebrazo. El vestido de ella era como el ondular de las mieses. Todas las jóvenes que he visto parecían que también tenían calor, aunque se mostraban con una palidez fascinante. Las pieles tan blancas, el atenuado rubio del pelo, y los talones al aire. ¿Cómo no alejarse con una ondina como la rusa más allá de los Urales? Nunca tendría sed. Dormiría a poco de apoyar la cabeza sobre la almohada con funda de lino. 
¿Son estos pensamientos privados? ¿Atentan contra alguna intimidad? ¿Fomentan un pequeño paisaje, donde hay cuerpos que se ondulan y gimen de placer?
Ayer, antes del insomnio y de los vencejos como salmones, quería el silencio absoluto, la inmovilidad completa. Viene de antiguo. Una tendencia al enmudecimiento, mientras el mundo puede caerse en mil pedazos sobre mí, que seguiré intacto en la mudez, en la quietud.
¿Qué serán de todos estos sentimientos, no me atrevo a llamarlos pensares? Uno mismo agranda su sombra en el vacío. Nada ni nadie reparará en ello. Buen motivo para el suicidio.
¿Se entiende lo que escribo? ¿Le faltan elementos de comprensión al lector? ¿Hay alguien ahí?

sábado, 10 de junio de 2017

Sábado, 10 de junio de 2017

Muy a menudo trataba de recomponer el espejo roto. Hay gente que no toca el espejo, que no se les cae nada. Quizás por aquella escena de la madre rompiendo la vajilla, sin que nadie pudiera haberlo previsto. Quizás porque nunca lo ha abandonado esa sensación de quemársele la cabeza el día más luminoso de su vida. La madre que a primera hora de la noche sale corriendo de casa. 
Reunir los fragmentos sería, a lo mejor, imposible, además de que harían visibles las fracturas. Con su vida sucede lo mismo: si no recuerda, al menos puede observar su unidad surcada por rayas y desconchones. La desmemoria, el síndrome de Korsakov, le permiten continuar.
Pero hay algo en el cuerpo que lo sabe: los mil golpes. Si fuera otro, le gustaría mendigar una caricia, siquiera una mirada de curiosidad, ya que no de afecto.
Hoy es 10 de junio, la gente está en la playa, las nubes han desaparecido. Queda solamente su hueco, con los límites en llamas, temblando para que el fuego no lo alcance y termine para siempre. Para  que termine para siempre este absurdo que nació con suma conciencia.

martes, 6 de junio de 2017

Martes, 6 de junio de 2017.

España es muy aficionada al púlpito y al destierro, como si dijéramos, al toro y al toreo que lo mata. La sabia patria ha sabido urdir una tercera y bien rentable afición: la del desterrado que se sube al púlpito para amonestar a infieles y desobedientes. Es como si el matador se quitara la cabeza para colocarse la del toro y salir a todo trapo a chocar contra lo primero que le salga al paso.

Esos seres tan sensibles que vuelven a sentirse huérfanos esta vez con el deceso de Juan Goytisolo. Parecen que están en esto para llorar la muerte de cada uno de sus muy contados y elegidos cómitres.
Por eso no pasarán del lápiz sobre el papel, y de la mente sobre el papel y de todas esas zarandajas del mundo como libro; y a saber que estará escrito en ese libro. 
Quien no se siente huérfano al abrir los ojos, quien, desde el origen, no siente la caricia de la intemperie, la soledad, el rastro que va dejando la memoria con sus fantasmas, sus destellos, sus espacios vacíos, ¿cómo va a dejar de ser lirófilo, o bardo turístico, o aplicado investigador universitario?

Iba la gaviota muy lenta y señorial la otra tarde, con lo que la pandilla de vencejos también atenuó sus prisas y chillidos, y parecía que volaba detrás de la gaviota muy señoriales, como sosteniéndole el borde de vestido.

martes, 30 de mayo de 2017

Martes, 30 de mayo

Sirenas que vuelven del pasado. Estaba un tarde de estas repasando un pasaje de mis diarios donde aparece una pareja de psicoanalistas con los que viajamos de Jerusalén a El Cairo, cuando la península del Sinaí estaba en manos israelíes. Eran bonarenses, bellos y jóvenes, y abiertos a relaciones paralelas. Él, además, como descubrí por casualidad, se hacía pinchar heroína por ella, una judía rubia, presta a las risas y de rasgos muy finos.
A la noche tenía un mensaje de G. Estaba casada con otro psicoanalista de Buenos Aires, un pedante de ojos despiertos y bigotito nervioso. Un sabelotodo; un portento. Solía hacer chistes de mí por ser canario: canario, banana... Una noche G. estaba en casa y entre risas comenzamos a tocarnos. Fue un acto sin mayor trascendencia, el placer por el placer. Poco tiempo después, G, abandonó a su marido y empezó a ejercer la prostitución. Venía por casa y sin ambages nos contaba cómo era esa vida en las entradas de los hoteles de lujo; los clientes de alto nivel.
Se perdió. Hizo caso omiso a nuestras llamadas a la sensatez. Desapareció de Barcelona y, a veces, teníamos noticias de sus andanzas por Madrid. Luego ya no supimos nada. ¿Dónde estaba G.?
Seguramente que terminó por regresar a Buenos Aires, que es de donde, seguramente, me ha escrito. Un mensaje en blanco. ¿De socorro? Le respondía de inmediato. Silencio.

miércoles, 24 de mayo de 2017

Miércoles, 24 de mayo.

¿Uno supera algo? Cada año fotografiaba los vencejos, las golondrinas, desde que empezaban a rondar por lo alto del cielo hasta que se despedían entre hogueras. Ni una foto, este año. Ni una mención, mientras los escucho que rebotan contra el alero de mi garçonnière, que arman algarabía cuando la gente regresa a sus hogares... ¿Siento menos sus alas de plata candente? ¿Siento menos que se me acercan como las hoces? No. Uno está siempre en otra parte, y en esa otra parte deja de ser. Uno existe en la dirección. En el temblor de la cuerda; en el de los párpados cuando la vida se incendia.

viernes, 19 de mayo de 2017

Viernes, 19 de mayo de 2017


Compro libros de conocidos que lo fueron y ya no lo son. Por ejemplo, una última cosa de Vila. Me  pongo a hojearlo con mucho cuidado (lo tengo a la venta en mi tienda de librero virtual) y ya no me marean las citas que plagan sus libros. Curiosidades de la vida: uno de sus personajes se llama Ander Sánchez, a quien el autor caracteriza como "el mayor egocéntrico de Barcelona", uno de sus escritores capitales.
Me mofaba yo en Los que cruzan el mar de tres impostores:
Vila, que no sabe escribir y gracias a los traductores emociona en el extranjero.
El profesor Sánchez, unos de los grandes místicos españoles contemporáneos, cuya pureza lírica es, en rigor, tan grande como su agenda de contactos.
El Naderías de Ginebra, otro místico que marcó de rigores y sermones a la poesía española más joven en su momento.


martes, 9 de mayo de 2017

Martes, 9 de mayo

Me agota el trajine de los pájaros. Tanto trabajo y con tanto contento. Las hormigas trabajan tanto o más que los pájaros, pero como no pían solo hacen cosquillas en silencio al dorso de la tierra. Me gusta perder el tiempo; por eso lo escribo. Perder el tiempo es como darle la vuelta al guante. El tiempo que nos va sacando rostro, tierra, voz.... y nosotros desquitándonos del tiempo con la ilusión de conseguir más espacio. Los pájaros. Las hormigas. La enorme velocidad del mundo.

sábado, 8 de abril de 2017

Sábado, 8 de abril

Una vez sintió vértigo cuando echó las cuentas del tiempo en que estuvo con B., ella en Las Palmas y él en Barcelona. Un amor que se arrastró por Córdoba y Granada y se fue a morir a Gran Canaria.
Cosas como éstas ahora las tiene controladas: pertenecen a los caprichos de la memoria: espejismos, guadianas, socavones sin rastros.
En lo único que no había reparado todavía es que, esta mañana, al abrir un libro de poemas que había adquirido por internet (En tregua, ahora devuelto al título original: Para enterrar a los muertos en las palabras), le marease el año de publicación, con prólogo de Ana Becciu y al cuidado de Ana María Moix, dos amigas, la primera desaparecida (¿en el Pirinero?); la segunda llevada por un cáncer.
Una vez más, es como si la memoria tuviera la misma relevancia que una ficción creada por él, mientras la fecha de publicación, 2001, fuera una fecha incontrovertible y ajena a su voluntad del trazado de su vida, solo válida, si acaso, para los cronistas de la literatura.